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Tuesday, July 12, 2011

La otra puerta de entrada a Machu Picchu


Cuzco (Perú), 6 jul (EFE).- La mayoría de turistas llegan a Machu Picchu en autobús, pero existe otra vía para llegar a la ciudadela: el Camino Inca, una ruta a pie que permite a 200 privilegiados al día adentrarse en el mundo andino y conocer su fauna y su flora

Mientras la visita habitual a los populares restos arqueológicos obliga al turista a compartir la experiencia con varios miles de personas, llegar a Machu Picchu caminando se convierte en una experiencia íntima con la tradición andina, y en la que la propia ruta resulta casi más interesante que el destino final.

En los cuatro días, y 42 kilómetros, durante los que se prolonga el Camino Inca, también existe una ruta alterna de dos días, el turista recorre un empedrado centenario que llega a los 4.200 metros de altura, mientras transita por imponentes y solitarias ruinas que aparecen por sorpresa entre la inesperada selva alta de Perú.

Para Fernando Astete, director del Parque Arqueológico de Machu Picchu, el Camino Inca es "una ruta cultural que permite al turista adentrarse en el mundo andino", lo que lo convierte en una solicitada experiencia para la que es necesario reservar, incluso, con varios meses de anticipación.

No siempre fue así, cuando la vía comenzó a hacerse popular entre los turistas, a mediados de la década de los setenta, el ingreso era libre y realizar el camino, una dura experiencia destinada a aventureros capaces de sobrevivir en solitario a las frías noches y a la exigente altura de los Andes peruanos.

Sin embargo, no eran raros los casos de turistas que sufrían infartos o eran sepultados por deslizamientos de roca, algo que motivó al Gobierno peruano a establecer desde 2001 un férreo control sobre la ruta.

"Antes permitían a cualquiera el ingreso, personas que nunca habían estado a 4.000 metros de altura, y que también sufrían problemas estomacales, pero esto se está superando, los grupos van viniendo organizados para todas las situaciones que se presentan", señaló Astete.

En la actualidad, el único modo de ingresar al Camino es a través de alguna de las agencias de viajes que tienen la exclusividad y que se encargan de contratar guías y porteadores que acompañan a los turistas y facilitan el trayecto.

Así, lo único de lo que tiene ahora que preocuparse el viajero es de cargar con algo de agua y poseer unos zapatos cómodos, de las tiendas de campaña, la comida y demás facilidades se encargan los porteadores.

La capacidad de éstos es una de las sorpresas del Camino: mientras el turista inicia temprano su ruta, los porteadores se quedan atrás levantando el campamento, para luego sobrepasar a todos durante el día y llegar al próximo campamento con el suficiente tiempo para que todo esté listo.

Y esto con sandalias en los pies y bolas de hoja de coca en la boca, una tradición andina a la que se invita a sumarse a los turistas y que habitualmente se convierte en un gran aliado para el esfuerzo de la ruta.

Además de los restos arqueológicos que se encuentran durante la ruta, una de las mayores sorpresas que el Camino Inca reserva al turista es cuando, a inicios del tercer día y tras subir a la cumbre de una de las montañas, se descubre la selva alta o "ceja de selva", una densa vegetación que puebla el paisaje.

Y es que, como recuerda Astete, otro de las grandes virtudes de esta ruta es la fauna y flora con la que el caminante se encuentra, desde abundantes colibríes y ciervos a el más tímido Oso de Anteojos, especie autóctona de la zona.

Sin embargo, lo mayor aportación de llegar a Machu Picchu a pie es la posibilidad de conocer la importancia de la red de caminos de los Incas, según Astete uno de los objetivos a los que el Imperio dio más importancia.

"Machu Picchu no era autosuficiente, no había cultivos para las 500 o 600 personas que lo habitaban. Por eso planteamos que era un centro político-religioso-administrativo, un nexo entre los Andes y la amazonía", argumentó.

Y esa es la sensación que deja contemplar por primera vez Machu Picchu desde el Inti Punko (Puerta del Sol), mientras amanece y tras caminar durante cuatro días por el mismo camino de piedra que hace siglos utilizaron los peregrinos de la que Hiran Bingham bautizó como la "ciudadela perdida de los Incas".

Llegar a Machu Picchu caminando se convierte en una experiencia íntima con la tradición andina, y en la que la propia ruta resulta casi más interesante que el destino final. En la imagen un registro panorámico de la ciudadela inca de Machu Picchu. EFE/Archivo

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

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En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.