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Thursday, December 8, 2011

Las momias de Santo Domingo


EL UNIVERSAL

Febrero de 1861. La ciudad de México es un inmenso paisaje en ruinas. Las órdenes monásticas han sido extinguidas. Los principales conventos están siendo demolidos. Entre montones de escombros, un grupo de arquitectos, Albino Herrera, José María Márquez, Miguel Bustamante, trazan calles que a partir de ahora correrán por esos sitios, y dividen en lotes los edificios religiosos.

La gente mira aquellas ruinas con horror. Para muchos, constituye un sacrilegio caminar por las calles recién abiertas por la Reforma. Nadie quiere pisar su suelo, “santificado durante siglos por las virtudes de sus antiguos moradores”.

A la ciudad deshecha la recorren historias extrañas. En el convento de la Concepción aparecen 40 mil pesos, que las hermanas de la caridad tenían escondidos bajo una montaña de estiércol.

En las tumbas de varios conventos son hallados cálices de oro y piezas suntuosas, que los religiosos ocultaron antes de ser exclaustrados.

El 19 de febrero la ciudad tiembla de pavor. Al echar por tierra los muros del convento de Santo Domingo, el interventor del edificio descubre 14 momias horrorosamente convulsionadas.

Los periodistas se amontonan como moscas en la capilla fúnebre en donde los cuerpos son expuestos a la curiosidad pública. La Reforma decide aprovechar políticamente el hallazgo, y expande el rumor de que se trata de 14 torturados por la Inquisición.

Un reportero de El Siglo Diez y Nueve escribe: “La actitud violenta que guardan, la congojosa expresión de su gesto y las contracciones musculares que conservan, dan a conocer que jamás fueron sepultadas en un ataúd las que a todas luces fueron víctimas de los crímenes sacerdotales de la Inquisición”.

No se habla de otra cosa por aquellos días.

Se inventan mil consejas, “hijas todas de la ignorancia, amamantadas algunas por la mala fe”, escribe José María Marroqui.

El pueblo hace fila frente a la capilla para ver a “los emparedados vivos”: “Todos opinan que aquellos esqueletos han pertenecido a desgraciados que fueron sepultados en vida.

“Lléguense los curiosos a ese asilo de los inquisidores y se convencerán, como nosotros, de que es el tormento de la asfixia y las congojas anexas al terrible suplicio del emparedamiento, las que han dejado tan espantosas huellas en aquellos espectros”, escribe un periodista.

Algún diario observa que fray Servando Teresa de Mier fue sepultado en Santo Domingo, y que una de aquellas momias —la cual había aparecido con las ropas deshechas y largas madejas de cabello gris— podía ser la suya. El supuesto hallazgo del patricio causa revuelo.

El gobierno de la Reforma, necesitado de recursos, decide vender los restos, en junio de ese año, a un empresario circense, Bernabé de la Parra, para que éste pudiera “exhibirlos en Europa y América”.

El 2 de octubre de 1882, 21 años más tarde, un corresponsal del Monitor Republicano, de paso en Bruselas, encuentra las momias en el jacalón de una feria. Son expuestas bajo el pomposo nombre: “Gran Panócticum de la Inquisición. Tristes restos de un pasado tenebroso”.

“Los cadáveres —escribe el corresponsal— se encuentran en muy buen estado de conservación; son notables por el tamaño; uno de ellos conserva los zapatos y las medias, y todos están vestidos con las ropas con que los sepultaron”.

El propietario de las momias es ahora el doctor Joseph Thunnus. El catálogo que presenta los objetos del Panóptico, las señala de este modo:

“Núm. 88. Momia de una persona que sufrió el tormento del fuego, puestos los pies en un brasero.

Núm. 89. Momia natural de una persona que sufrió el tormento del agua.

Núm. 40. Momia natural de una persona que sufrió la cuestión de la rueda.

Núm. 41. Momia natural de una persona que sufrió el tormento de la pena de la angustia, instrumento que le torció los nervios de la cara, por cuya causa ya no podía cerrar la boca”.

El rastro de las momias va a perderse a partir de entonces. El 13 de agosto de 1895, El Siglo Diez y Nueve afirma que los restos de fray Servando se encuentran en un museo de Buenos Aires, y que el gobierno mexicano hará trámites para repatriarlos.

La aventura vivida por aquellos cuerpos perdidos sirvió para nombrar, con una de las nomenclaturas más bellas y misteriosas, una de las calles del centro: Sepulcros de Santo Domingo. El nombre se perdió, al igual que las momias. En 1921, el gobierno de Álvaro Obregón rebautizó la calle con el anticlimático nombre de República del Brasil.

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

Copyright

En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.