
Las elecciones hechas por los antiguos egipcios de los lugares donde construir bastantes de sus impresionantes tumbas pueden haber sido la causa indirecta de los daños que hoy amenazan a estos tesoros arqueológicos y de las dificultades actuales para conservarlos adecuadamente. Sin embargo, la fotografía y el mapeo geológico detallados podrían ayudar a proteger mejor estos monumentos, según las conclusiones de un nuevo estudio.
La idea de que las trazas de fracturas geológicas podrían tener alguna relación con las tumbas ubicadas en los valles egipcios, se le ocurrió a Katarin A. Parizek durante un viaje a Egipto. K. Parizek, fotógrafa, diseñadora gráfica y geóloga (y también hija de Richard R. Parizek, profesor de geología en la Universidad Estatal de Pensilvania) reconoció las estructuras geológicas en 1992, en un crucero por el Nilo al Valle de los Reyes.
Muchas de las tumbas están en zonas de concentración de fracturas, reveladas por las trazas y alineaciones de las fracturas. Katarin sabía que estas fracturas eran las que usaba su padre para encontrar agua o al planear proyectos de drenaje.
Las trazas de fracturas son indicadores en la superficie de concentración de fracturas en la roca subyacente. En 1964, Laurence H. Lattman y R. Parizek publicaron un trabajo acerca de las trazas de fracturas que indican dónde hay un incremento del intemperismo y la permeabilidad, y dónde la gente podría perforar pozos con mayor eficacia. Estas trazas de fracturas pueden tener entre 1,5 y 12 metros de ancho, 6 metros en promedio, y hasta un kilómetro y medio de largo.
Un estudio inicial en Egipto mostró que algunos pasajes y cámaras de tumbas estaban alineados con estas zonas de fracturas. Ello sugiere que los constructores sabían que estos sitios tenían roca menos resistente y más fácil de excavar.
Un mapeo más exhaustivo del terreno confirmó la idea de que los constructores sabían lo que hacían. Ellos colocaron las entradas a las tumbas, construidas entre los años 1500 y 1000 a.C., en el fondo de los valles o de ciertos precipicios donde las piedras que caían podrían cubrir la tumba, ocultándola.
Ahora, Katarin A. Parizek y su padre Richard R. Parizek han examinado 33 de las 63 tumbas conocidas en el Valle de los Reyes. De esas 33, han documentado nueve en detalle, fotografiándolas y cartografiándolas en su totalidad, por dentro y por fuera.
Preservar las tumbas es un reto difícil, por culpa de la acción dañina del agua.
No llueve a menudo en el desierto, pero cuando eso sucede, el agua corre colina abajo sobre la tierra y llega a los valles. Pavimentar las áreas para estacionamiento de vehículos, las carreteras y los caminos, con el fin de facilitar las visitas turísticas a las tumbas, incrementa las inundaciones. Pese a la construcción de barreras en las entradas de las tumbas, el agua penetra a menudo por los túneles, causando daños irremediables en los complejos mortuorios.
Las entradas abiertas, sin embrago, no son la única forma en que el agua entra en las tumbas. El agua acaba encontrando las concentraciones de fracturas debajo de las trazas de fractura y se filtra a través de ellas. De este modo, el agua puede incluso arruinar tumbas que todavía no han sido exploradas ni tan siquiera descubiertas.
Ahora, con su nuevo estudio, los investigadores han obtenido información geológica que permite a los expertos planear mejores maneras de frenar la inundación de las tumbas. La estrategia para conseguirlo se basa en desviar el agua, alejándola de las entradas expuestas y de otros puntos vulnerables.
Información adicional en: http://www.scitech-news.com/2009/11/fracture-zones-endanger-tombs-in-valley.html
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