
Quien busque la eficacia óptima al esquiar debe primero entender las leyes de la fricción. Es por eso que los fabricantes de esquíes, y los de productos para estos, han decidido recurrir a unos especialistas del Instituto Fraunhofer para la Mecánica de los Materiales (IWM por sus siglas en alemán) en Friburgo.
Esos científicos han estudiado en profundidad la capacidad de deslizamiento de esquíes y saben cómo hacer que los esquiadores alcancen la máxima velocidad posible.
Tal como señala el profesor Matthias Scherge, la nieve, el recubrimiento del esquí y la cera con que se refuerza su capacidad de deslizamiento, forman un todo en diversos aspectos.
Los diseñadores no pueden alterar la nieve, pero sí pueden adaptar tanto la cera como el recubrimiento para que sean los idóneos ante unas condiciones determinadas de la nieve. Y por eso están trabajando en una investigación para perfeccionar la capacidad de deslizamiento de los esquíes.
A los sofisticados experimentos en el laboratorio, se les añaden los valiosos datos prácticos obtenidos de esquiadores de competición, y de los técnicos que se encargan de encerar los esquíes de tales esquiadores antes de cada carrera.
Los investigadores están trabajando con la compañía Holmenkol y otros socios para desarrollar ceras y recubrimientos novedosos que permitan aumentar de manera crítica esa capacidad de deslizamiento.
En el mundillo deportivo, donde una décima de segundo puede marcar la diferencia entre quién vence y quién sufre una derrota, una leve mejora técnica en el deslizamiento puede constituir un asunto vital.
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