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Wednesday, June 16, 2010

El asteroide y el halcón



En la pasada medianoche (del 13 al 14 de junio), sobre uno de los desiertos más remotos del sur de Australia, un cegador bólido cruzó el firmamento llegando a tener una luminosidad superior a la del planeta Venus en su máximo brillo. Lo que en principio hubiera podido ser una estrella fugaz más de las que se incineran en la atmósfera terrestre todos los días, en esta ocasión fue algo mucho más extraordinario: el regreso a la Tierra de la cápsula de muestras de una sonda espacial cuyo nombre significa halcón en japonés: Hayabusa.

Los investigadores de la agencia de exploración aeroespacial del país del sol naciente (JAXA, Japan Aerospace Exploration Agency) esperan con ansiedad que a bordo de este pequeño contenedor de apenas cuarenta centímetros de diámetro viaje un auténtico tesoro científico: polvo del asteroide Itokawa, donde Hayabusa aterrizó en noviembre de 2005. Antes de llegar a tan deseado momento, este halcón interplanetario ha experimentado una de las mayores odiseas en la historia de la exploración del Sistema Solar.

9 de mayo de 2003. Un pequeño vehículo interplanetario de poco más de media tonelada de peso despega del Centro Espacial de Uchinoura, en el sur del Japón. Siguiendo la tradición nipona de rebautizar a sus naves espaciales tras su lanzamiento, la que se denominaba MUSES-C pasa a conocerse como Hayabusa, o halcón peregrino en japonés. Esta versátil y avanzada nave robot parte con una misión que, pese a su trascendencia científica, ha pasado casi desapercibida para los medios de comunicación. El proyecto completo apenas alcanza los 170 millones de euros. La elevada tecnología de la sonda (como la navegación inteligente autónoma o la propulsión iónica) ha sido un excelente ejemplo de cómo deberán de ser en el futuro las misiones de exploración planetaria.

Hayabusa tuvo como primer objetivo aproximarse al pequeño asteroide 25143 Itokawa (de menos de medio kilómetro de tamaño), al cual llegó a mediados de septiembre de 2005, y acompañarlo en su órbita alrededor del Sol para realizar un estudio completo del mismo a pocos kilómetros de distancia de su superficie. Una vez cartografiado en detalle el asteroide, Hayabusa se aproximó a él lentamente en dos ocasiones diferentes en noviembre de 2005 y lo tocó brevemente con una especie de tubo extensible. La intención era “disparar” un proyectil metálico que desprendería diminutos fragmentos los cuales serían recogidos por este tubo y almacenados en la sonda hasta totalizar más o menos un gramo de peso. Sin embargo, parece que el sistema de disparo no funcionó. Los responsables de la misión creen que, dado que Hayabusa llegó a estar casi treinta minutos posada en la superficie de Itokawa, cabe la posibilidad de que algo de material del asteroide haya podido impregnar la sonda de recogida de muestras de la nave. Por ello se decidió sellar el contenedor para intentar el segundo y mayor objetivo del proyecto; traer por vez primera de regreso a la Tierra minúsculos trozos de un asteroide.

Poco después del segundo aterrizaje en Itokawa, Hayabusa sufrió una seria avería: al parecer se produjo una fuga de combustible de los pequeños cohetes de posicionamiento de la nave y ésta perdió la comunicación con el control de tierra. Fueron necesarios varios meses para poder recuperar la telemetría de la sonda, pero para entonces la ventana de lanzamiento (el momento óptimo para que Hayabusa partiera del asteroide rumbo a la Tierra) ya se había perdido, por lo que el planeado regreso en junio de 2007 era imposible. La inflexible mecánica celeste retrasaba nada menos que tres años el aterrizaje de la cápsula de muestras.

Este problema se sumó a la pérdida anterior de dos de los tres volantes de reacción –que sirven para orientar un vehículo en el espacio–, al fallo de varias de las baterías de a bordo y a la avería paulatina de tres de los cuatro motores de propulsión iónica de la sonda. Si a ello le añadimos que en 2003, de camino a Itokawa, una potente tormenta solar dañó los paneles solares de Hayabusa disminuyendo el rendimiento de sus motores iónicos, no deja de ser sorprendente que haya sido capaz de emprender el largo viaje de vuelta a la Tierra. El 25 de abril de 2007, el halcón se alejaba definitivamente del asteroide que había acompañado durante tantos meses y con la ayuda de sus motores iónicos comenzaba lentamente el regreso a nuestro planeta.

Por fin, en los primeros meses de este año 2010, y tras una singladura de más de tres años, el control de la misión efectuó hasta cuatro correcciones de rumbo que hicieron que la sonda se dirigiera directamente hacia su punto de descenso previsto en nuestro planeta. La zona elegida es una gigantesca área militar restringida en pleno desierto meridional australiano, la llamada Woomera Prohibited Area, con una extensión de más de 127.000 km2 (el tamaño aproximado de Inglaterra).

Al anochecer hora australiana del 13 de junio, tres horas antes de que la sonda se precipitase en la atmósfera de la Tierra a una velocidad de más de 28.000 km/h, la pequeña cápsula de muestras se separó gracias a unos muelles del cuerpo de la nave principal. Mientras que la propia Hayabusa se incineraba en forma de brillante bólido en la noche del desierto de Woomera, la cápsula, protegida con un escudo térmico, descendía como otro bólido en la atmósfera terrestre.

A la hora de escribir este artículo el mismo día 13 de junio, parece que su coraza funcionó correctamente y el paracaídas que debía frenar los últimos kilómetros de caída cumplió igualmente con su cometido pues la JAXA ha informado de la detección de la radiobaliza emitida por la cápsula. Sólo queda esperar que los equipos de tierra la recuperen intacta y la lleven de vuelta a Japón. Allí se procederá con exquisito cuidado a la apertura del contenedor para ver si la suerte que ha acompañado a este halcón interplanetario en su accidentada misión nos depara una última y grata sorpresa. Tras más de siete años de viaje por el espacio y cerca de seis mil millones de kilómetros recorridos en total, todos esperamos que la cápsula de Hayabusa traiga a los científicos las primeras muestras de un asteroide recogidas in situ, con el consiguiente interés para los estudios sobre el origen y evolución de nuestro Sistema Solar.

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

Copyright

En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.