Borobudur, el templo de Buda
Borobudur, la misteriosa montaña de dioses de la isla de Java, en Indonesia, es una de las grandes maravillas del Extremo Oriente. A apenas 40 kilómetros de distancia de la antigua capital del sultanato, Yogyakarta, hace más de mil años budistas devotos construyeron el santuario más grande de toda Asia. Con enormes moles de piedra cubrieron toda una montaña, convirtiéndola de este modo en una obra sacra de dimensiones colosales. Numerosas especulaciones y leyendas rodean hasta nuestros días este recinto sagrado y plantean espontáneamente toda una serie de preguntas sobre la identidad de los constructores y la finalidad de este fantástico monumento.
RESURRECCIÓN DE LAS RUINAS
Cuando a comienzos del siglo XIX exploradores británicos y neerlandeses recorrieron la llanura de Kedu cubierta por la selva, solo tenían ojos para la abundante vegetación y las cordilleras volcánicas. Borobudur, en cambio, había caído en un sueño milenario. Pero esto cambió con la dominación colonial del imperio británico. Thomas Stamford Raffles (1781-1826), a la sazón vicegobernador de Java, oyó hablar por primera vez en 1814, durante un viaje de inspección, de las historias tenebrosas y casi increíbles de una colina selvática llamada Borobudur. Decían que el príncipe heredero de Yogyakarta visitó el lugar en 1757 y se encontró con un "caballero" encerrado en una "jaula", y que poco después el príncipe enfermó y murió. Desde entonces, los indígenas contemplaban con gran temor el recinto sagrado y preferían mantenerse alejados de la montaña maldita.
Raffles decidió enviar al ingeniero neerlandés H. C. Cornelius a inspeccionar ese curioso lugar. Cuando llegó, vio un edificio escalonado en forma de cúpula con seis terrazas cuadradas y tres escalones de remate semicirculares, que se alzaba ante él hasta una altura de 35 m. Las galerías y nichos, 500 imponentes estatuas de Buda, 1.460 bajorrelieves y cuatro grandes escaleras, junto a las cúpulas campaniformes que adornaban, como si fueran coronas, la terraza circular superior, todo indicaba que se trataba de un santuario clave del budismo.
LA TUMBA DE BUDA
Sin embargo, hasta la fecha los arqueólogos no han hallado documentos que contengan datos más precisos sobre este monumento religioso. Cierto que se han formulado hipótesis sobre el significado que tuvo en su tiempo el santuario: poco después de su descubrimiento se halló en la plataforma superior, debajo de una stupa (una estructura hueca en forma de campana), una urna metálica cerrada con un retrato metálico, lo que significaba que Borobudur habría sido un gigantesco relicario. Por tanto, la urna podría haber contenido los restos mortales del legendario Buda, que el rey Ashoka había hecho exhumar de su sepultura original en India en el siglo III a. C. Sin embargo, el objeto del sensacional hallazgo ha desaparecido y puede que haya sido destruido; es el único que podría poner fin a las especulaciones de que Borobudur es el sepulcro de uno de los grandes fundadores religiosos de la historia universal.
NIVELES DE ILUMINACIÓN
Borobudur no fue nunca una construcción consagrada a un rey como lo fueron las pirámides egipcias. Cualquier persona podía acceder sin trabas al gran templo. ¿Significa esto que Borobudur fue un centro de culto para el pueblo? Curiosamente no se han encontrado indicios de lugares representativos para la celebración de rituales.
Borobudur parece un símbolo petrificado del sistema cósmico del budismo y al mismo tiempo una representació n simbólica del camino de la iluminación. Este fantástico descubrimiento lo hizo el erudito alemán W. F. Sutterheim en 1929. La doctrina budista aspira a convertirse, mediante sucesivas reencarnaciones, en un bodhisattva, un semidiós. Esto se consigue cuando el iluminado se une a la naturaleza, recorriendo un camino que atraviesa tres esferas. Precisamente estos niveles de la iluminación son los que parece simbolizar Borobudur.
FASES DE LA FELICIDAD
En la terraza inferior, los fieles ven más de 160 relieves: representa la kamadhatu, la esfera del deseo. Los cuatro planos subsiguientes constituyen la rupadhatu, o esfera del orden. Los fieles siguen ascendiendo por la montaña de los dioses. Al término de un recorrido de unos 5.000 m. de longitud, flanqueado por una sucesión ininterrumpida de representaciones en relieve, llegan a la terraza cuadrada más alta. Desde aquí se ensancha el panorama y se ven los planos circulares abiertos y carentes de adornos. Es la esfera arupadhatu. Han desaparecido los fenómenos comprensibles del espacio finito. Simbólicamente se ha llegado al círculo, que representa el infinito, lo que existe sin comienzo ni final. Las dagobas de piedra, unas estructuras en forma de campana que parecen capillas, tienen unas aberturas en forma de rombo que ofrecen una visión limitada de 72 estatuas de Buda sentado. Hay que recordar al curioso que nunca podrá conocer más que una parte de la verdad.
PIRÁMIDE ESCALONADA AL NIRVANA
La stupa central, que está situada en el nivel más elevado y que sobresale por encima de todo lo demás, sigue siendo un misterio en la actualidad.
Es probable que originalmente no contuviera ninguna estatua de Buda y que simbolizara el nirvana, el reposo definitivo del alma y la liberación del círculo infinito de la transmigració n.
Por consiguiente, Borobudur fue concebido como una colina mágica que permitiera a los fieles alcanzar niveles cósmicos cada vez más altos y les ayudaba a despertar recuerdos de la propia vida pasada y a marcar nuevos objetivos para el futuro. Solo cuando una nueva religión, el hinduismo, conquistó Java, esta obra monumental cayó en el olvido y con ella la idea de la iluminación progresiva de la humanidad.
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