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Friday, February 13, 2009

Escuchando los ecos de una gran extinción


Los bivalvos marinos han estado produciendo nuevas especies desde la extinción del Cretácico. Foto: Susan Kidwell.

Los bivalvos marinos han estado produciendo nuevas especies desde la extinción del Cretácico a un ritmo superior al que lo hacían antes de dicha extinción.El fin del mundo tal y como era conocido en la época se dio varias veces sobre la Tierra. Sobre un ruido permanente de extinción se elevan las cinco grandes extinciones masivas que supusieron una catástrofe para la vida en cada momento. En una de ellas, la del Pérmico, casi se consigue eliminar la vida compleja de este planeta. Cada vez la vida se reorganizó, surgió de sus cenizas como el ave fénix y nuevamente, al cabo de millones de años, una biodiversidad rica y compleja llenó este mundo de nuevo. Si hay algo que determina la destrucción de especies y la creación de otras nuevas o prueba definitivamente el sometimiento a la contingencia de la historia evolutiva son precisamente las extinciones masivas.

Ahora unos paleontólogos han podido oír los ecos del toque a difuntos de la última de estas extinciones, la que llevó al final del periodo Cretácico a los dinosaurios y muchas otras especies a su desaparición definitiva e irremediable, presumiblemente tras el impacto de un meteorito de gran tamaño.

Según David Jablonski de la Universidad de Chicago el legado de esta extinción está todavía con nosotros después de 65 millones de años. Puede verse virtualmente en cada comunidad marina, en cada laguna, en cada plataforma continental sumergida del mundo. En este trabajo también participan Andrew Krug, también de la Universidad de Chicago, y James Valentine de la Universidad de Berkeley.

Para llegar a esta conclusión estos investigadores se basan en un detallado análisis de bivalvos marinos, uno de los pocos grupos del registro fósil lo suficientemente numeroso como para permitir este tipo de estudio. Han estudiado cada linaje importante de bivalvos, desde los berberechos a las vieiras, pasando por las ostras.
El equipo siguió un método similar a elaborar el censo de los habitantes de una ciudad, pero infiriendo el año de nacimiento a partir del perfil de edad y comparándolo con los censos de otras ciudades similares.

Su análisis calcula el origen de 711 linajes de bivalvos que todavía viven en los océanos actuales e infieren las tasas evolutivas de especiación. En todos los lugares, salvo a las más altas latitudes, encontraron claros signos de un fuerte aumento de estas tasas justo después del final del Cretácico.

Esto no es una gran sorpresa porque la recuperación después de una gran extinción suele ser importante, dada la cantidad de nichos que se quedan vacíos. Lo sorprendente fue encontrar que después de los primeros 10 millones de años la gran actividad de recuperación no se detuvo, sino que tras una pequeña caída nunca volvió a los niveles previos a la gran extinción.

Por qué los niveles no decayeron a los previos a la extinción es algo que permanece sin resolver. Jablonski especula que quizás la extinción masiva eliminó a los competidores de los bivalvos y esto abrió permanentemente una puerta para más diversificación. O quizás la extinción aumentó la depredación por parte de cangrejos y peces de los bivalvos y éstos tuvieron que evolucionar y diversificarse más rápido.
Añade que hay que aclarar que el comportamiento a altas latitudes no indican que la extinción fuera menos severa en esas regiones, significa que la recuperación fue menos prolífica en esos lugares. La diferencia entre ritmos de recuperación según la latitud es un reflejo del desfase entre los linajes de los trópicos y de las regiones polares. Los trópicos fueron el motor de la recuperación y siguieron “bombeando” nuevos linajes y todavía no han parado.

Al comparar los datos de diferentes localizaciones estos investigadores observaron un eco estadístico similar en todas ellas: un rizo en la curva estadística que culmina a la edad de los linajes vivos y que cae justo hace 65 millones de años. Luego un patrón significativo emerge de los datos, una señal evolutiva que se ha mantenido en todos los lugares durante 65 millones de años, incluso después de que sucedieran cambios globales en el clima, la geografía y la ecología. Es el eco de la última gran extinción. Los autores se muestran excitados por haber encontrado este patrón que nadie había visto antes.

Sería interesante saber qué pensaría Darwin de todo esto, pues creía que las extinciones masivas eran en realidad el reflejo de un registro fósil incompleto. Y es que el genio no siempre acertó.

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

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En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.