
La capacidad para hacer fuego hace milenios fue probablemente un factor clave para la migración de los homínidos prehistóricos desde África a Eurasia, dice un investigador del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea de Jerusalén según piensa, basándose en los hallazgos del sitio arqueológico de Gesher Benot Ya’aqov en Israel.
Anteriores excavaciones del lugar, llevadas a cabo bajo la dirección del Prof. Naama Goren-Inbar del Instituto de Arqueología, demostró que los ocupantes del lugar – identificados como parte de la cultura Achelense que surgió en África hace unos 1,6 millones de años – habían dominado la capacidad de crear fuego hace 790 000 años. Esta revelación retrasa las fechas anteriormente aceptadas para la capacidad del hombre de hacer fuego en medio millón de años.
El lugar de Gesher Benot Ya’aqov está situado en la cordillera del Mar Muerto en el Valle Hula en el norte de Israel.
La Dr. Nira Alperson-Afil, miembro del equipo de Goren-Inbar, dijo que una investigación más detallada de pedernal quemado en las áreas designadas en los ocho niveles de civilización hallados en el lugar ahora demuestran que “las concentraciones de pedernal quemado fueron hallados en distintas áreas, interpretado como la representación de los restos de antiguos hogares”. Esto nos dice, comenta, que una vez que adquirieron la capacidad de hacer fuego se llevó a cabo durante un periodo de muchas generaciones. Los hallazgos de Alperson-Afil fueron enviados para su publicación en la edición más reciente de la revista Quaternary Science Reviews.
Dijo que otros estudios que han informado de uso del fuego sólo verificaron la presencia de materiales arqueológicos quemados, pero fueron incapaces de penetrar más allá en la cuestión de si los humanos fueron los “creadores del fuego” desde las primeras etapas del uso del mismo.
“Los nuevos datos procedentes de Gesher Benot Ya’akov son excepcionales dado que mantienen las pruebas de uso del fuego a través de una secuencia ocupacional muy larga. Esto continuo y habitual uso del fuego sugiere que estos primeros humanos no se vieron obligados a recoger el fuego de deflagraciones naturales, sino que eran capaces de hacerlo a voluntad”, dijo Alperson-Afil.
La manipulación del fuego por parte de los primeros humanos fue, claramente, un punto de inflexión para los ancestros humanos. Una vez “domesticaron” el fuego, éste les permitía protección de los predadores y proporcionaba luz y calor así como la explotación de un mayor rango de alimentos.
Alperson-Afil comentó: “La poderosa herramienta de hacer fuego proporcionó a los antiguos humanos confianza, permitiéndose abandonar sus alrededores iniciales a los que estaban circunscritos y finalmente poblar nuevos y desconocidos entornos
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