
Si lo oscuro parece un poco más oscuro estos días –y el mundo un poco menos maravilloso–, quizá así sea. Investigadores en Asia, Europa y Norteamérica advierten decrementos dramáticos de luciérnagas.
Tailandia es un lugar que parece perder a sus bioluminiscentes escarabajos. Durante siglos titilaron a lo largo de los ríos tailandeses con espléndida sincronía. Los visitantes extranjeros comparaban sus luces con candelabros o velas de navidad. Los lugareños podían pescar iluminados sólo por sus destellos.
Pero el resplandor está apagándose. “Hace 20 años vi muchas –dice Watana Sakchoowong, entomólogo tailandés–. Ahora no queda ninguna”.
Los conteos científicos apenas comienzan. Nadie ha confirmado aún qué ocasiona los descensos de población, pero los expertos sospechan de la pérdida de hábitat y la contaminación lumínica. En Tailandia, las orillas de los ríos donde las larvas se alimentaban de caracoles han sido recubiertas, o bien minadas, por las olas que producen las lanchas de turistas. La luz artificial de los desarrollos inmobiliarios en las costas, por otra parte, dificulta a las luciérnagas adultas encontrarse y aparearse en la noche cambiante.
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