
(NC&T) La investigación ha sido realizada por Científicos del Instituto Scripps de Oceanografía, las universidades de Leipzig, Colonia y Newcastle, el Centro Nacional de Oceanografía en Gran Bretaña, y el Real Instituto Holandés para la Investigación Marítima.
En ella, se examinan datos geoquímicos y relacionados con el nivel del mar, obtenidos de microfósiles marinos depositados en el suelo oceánico 91 millones de años atrás durante el Máximo Térmico del Cretácico. Este periodo extremadamente cálido en la historia de la Tierra, elevó la temperatura de los océanos tropicales a 35-37 grados centígrados, unos 10 grados por encima de las temperaturas actuales, originándose un intenso efecto invernadero en el clima.
Con el uso de dos técnicas isotópicas independientes, los investigadores del Instituto Scripps de Oceanografía estudiaron los microfósiles para reunir datos geoquímicos sobre el crecimiento y la fusión final de las grandes capas de hielo del Cretácico. Los investigadores compararon los isótopos estables de moléculas de oxígeno de los microfósiles marinos de formas de vida que habitaban en el fondo y de otras que moraban cerca de la superficie, conocidas como foraminíferos, para demostrar que los cambios químicos en el océano concuerdan con el crecimiento de una capa de hielo. El segundo método llevó a la misma conclusión.
Estos métodos independientes proporcionaron a André Bornemann, autor principal del estudio, las evidencias necesarias para concluir que una capa de hielo con un tamaño del 50-60 por ciento del que hoy tiene el casquete antártico existió durante unos 200.000 años.
Bornemann condujo este estudio en el Instituto Scripps de Oceanografía y ahora continúa la investigación en la Universidad de Leipzig en Alemania.
Los investigadores aún no tienen claro dónde una masa tan grande de hielo pudo haber existido en el Cretácico, ni cómo el crecimiento del hielo pudo haber comenzado. Los autores del estudio sugieren que ciertos ciclos climáticos pudieron haber favorecido el crecimiento del hielo durante unos pocos periodos breves en el Cretácico cuando las variaciones naturales del clima produjeron veranos inusualmente fríos. Del mismo modo, las altas montañas bajo el actual casquete de hielo antártico pudieron haber sido sitios potenciales para el crecimiento de grandes masas de hielo durante el Cretácico.
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