
Una empresa estadounidense ha anunciado que se sumará a la carrera por la conquista del turismo espacial con un aparato biplaza capaz de pasar los límites de la atmósfera y de hacer hasta cuatro vuelos al día.
http://www.xcor.com/press-releases/2008/08-03-26_Lynx_suborbital_vehicle.html
Fuente: AFP
El 'Lynx' realizará su primer vuelo de prueba en 2010 y ensayos comerciales unos dos años más tarde si el programa avanza tal como está previsto, indicó Jeff Greason, presidente de la empresa XCOR Aerospace con sede en California (oeste) en una conferencia de prensa en Beverly Hills, cerca de Los Ángeles.
Con la misma forma de una nave espacial y más pequeña que un jet comercial, este aparato que aún está en planos "despega y aterriza como un avión utilizando solo un motor de cohete", indicó Greason.
Este motor fue desarrollado por XCOR desde 1999 y funciona con oxígeno líquido y kerosene.
El 'Lynx' es capaz de alcanzar de una velocidad de ascenso de Mach 2 y una altitud de 200.000 pies (61 kilómetros), permitiendo a sus ocupantes vivir la experiencia con bastante normalidad y sobre todo ofreciendo unas panorámicas de la Tierra muy distintas a las conocidas desde los aviones, que vuelan a 12 kilómetros.
XCOR afirma que el 'Lynx', que ofrecerá el vuelo solo para una persona -el otro es para el piloto-, permitirá acecder al espacio por la mitad del precio que han anunciado en la actualidad sus competidores, entre ellos Virgin Galactic que pide 200.000 dólares por una experiencia de no más de 7 minutos en órbita.
Esta empresa del millonario británico Richard Branson tiene contemplado efectuar los vuelos espaciales a partir de 2010 desde Nuevo México (suroeste) a bordo de un aparato de seis puestos y que sobrepasará los 100 kilómetros de altura, es decir más allá de la frontera del espacio, según la definición de la Federación Aeronaútica Internacional.
La filial Astrium de EADS también se mueve entre esos rangos con un concepto similar.
El aparato de XCOR, capaz de hacer cuatro vuelos por día, cada uno de unos 30 minutos, se desarrolló con la ayuda de un ex comandante de la agencia espacial estadounidense y piloto, el coronel Rick Searfoss.
"Hace 10 años, cuando abandoné la NASA, estaba casi seguro de que no iría nunca más al espacio (...) Pero estos dos últimos años, le dije a mi esposa: 'Ya no es un asunto de si lo haré o no, es una cuestión de cuándo'. Y la gran diferencia esta vez es que ella podrá venir conmigo", contó Searfoss.
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