
(NC&T) La nueva criatura, el Velafrons coahuilensis, era un masivo herbívoro perteneciente a un grupo de dinosaurios con pico parecido al de los patos, o hadrosaurios.
Unos paleontólogos del Museo de Historia Natural de Utah colaboraron con investigadores del Servicio de Prospección Geológica de Utah, la Coordinación de Paleontología de la Secretaría de Educación y Cultura de Coahuila (México), el Museo del Desierto en Saltillo, Coahuila, México, y el Museo Real Tyrrell en Drumheller, Alberta, Canadá, para desenterrar y estudiar el espécimen de 72 millones de años de antigüedad.
Durante la mayor parte del Cretáceo Tardío, el alto nivel global del mar produjo inundaciones de la muy baja porción central de América del Norte. Como resultado, se extendió un mar cálido, poco profundo, desde el Océano Ártico al Golfo de México, dividiendo a Norteamérica en dos. Los dinosaurios que vivían en el sector oeste, una larga y estrecha masa de tierra semejante a una península, conocida como Laramidia, o sencillamente, el Oeste de Norteamérica, ocupaban sólo un cinturón de llanuras limitado por el mar en el Este y por montañas en el Oeste. Centroamérica no se había formado en aquella época, por lo que México constituía el extremo sur del continente.
El árido terreno desértico donde fue recuperado el dinosaurio era muy diferente durante el Cretáceo Tardío. Hace aproximadamente 72 millones de años, esta región era un estuario húmedo cerca del extremo sur del Oeste de Norteamérica, un área donde el agua salada del océano se mezclaba con el agua dulce de los ríos. Muchos de los huesos del dinosaurio quedaron cubiertos con almejas y caracoles marinos fosilizados, indicando ello que esos animales habitaron las zonas costeras.
La región fue golpeada periódicamente por monstruosas tormentas, que devastaban muchos kilómetros del fértil litoral y al parecer mataban manadas enteras de dinosaurios
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