
Un desastre natural es un juego de números. Puede parecer que cataclismos como el huracán Katrina, los tsunamis de 2004 o el ciclón que asoló Myanmar son flagelos espontáneos contra poblaciones desprevenidas, pero estos fenómenos no tienen nada de aleatorios.
AP, AGENCIAS
Los desastres siguen patrones establecidos desde hace mucho tiempo, los cuales ofrecen lecciones sobre cómo reducir las víctimas humanas.
"Está pasando algo universal", indicó Neil Johnson, profesor de física de la Universidad de Miami que estudia patrones en eventos tales como desastres naturales y ataques terroristas.
Las muertes provocadas por los desastres naturales obedecen a lo que se ha denominado una ley de poder. Imagine una curva de campana, con una cola larga y cada vez más delgada: muchas muertes al principio, menos en la medida que pasan los días hasta que las últimas reverberaciones mortales del desastre cesan. "Diría que la cola sería más larga en una zona menos desarrollada", señaló Johnson.
En los primeros días después de que un ciclón golpea, por ejemplo, mueren grandes cantidades de personas. Pero otros factores, como enfermedades, la ubicación de cuerpos desaparecidos y la rapidez de la ayuda, contribuyen a un saldo más alto que disminuye lentamente.
En regiones como Myanmar donde los programas de respuesta no son idóneos, tarda más en expirar ese efecto de eco, así como las cifras en empezar a reducirse.
Lo que esto nos enseña, indicó Johnson, es que, si se toman el tiempo para entender los desastres naturales, las autoridades realmente pueden disminuir los efectos de éstos sobre la población.
Esto implica la voluntad de gastar dinero en mejores sistemas de comunicación y de filtración de aguas. Lo que es más importante, las autoridades deben aprender a practicar el control de daños en los temblores e inundaciones menores que son másleves y menos dañinos, en lugar de postergar todo para cuando llegue uno muy grande.
El patrón no sólo se aplica a los efectos de los cataclismos; también predice la frecuencia de los desastres y su nivel de gravedad. Una pequeña inundación con pocas víctimas tiene posibilidades exponencialmente mayores de suceder que un ciclón que deje 100 mil muertos.
Algo que agrava el problema es la tendencia de la población a concentrarse en áreas con alto riesgo de desastres, indicó Gordon Woo, autor de "La Matemática de las Catástrofes Naturales" y consultor de riesgo.
No es una sorpresa el devastador saldo mortal que se está registrando en Myanmar, señaló. Y Johnson concluyó que "si todos los pueblos están amontonados, entonces el fenómeno, cuando azote, va a causar graves estragos".
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