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Monday, March 7, 2011

El Saber Magico del Antigio Egipto 4


Archivos sagrados y bibliotecas mágicas

En egipcio, los archivos sagrados son llamados bou – Ra, "poder del dios – luz". "Los libros – explica un papiro (13) – son el poder del dios – sol en medio del cual vive Osiris". Es, pues, por intermedio de estos archivos sagrados como se comunican los dos grandes poderes divinos, Ra, dios de la luz, y Osiris, señor de las regiones tenebrosas. Los autores de los libros mágicos no son hombres, sino Thot, el dueño de las palabras sagradas; Sia, el dios de la sabidu_

(12) ASAE, 39, 57 y ss.
(13) Papiro Salt 825, 5 – 6

ría; Geb, el señor de la tierra. Escribiéndolos legaron la humanidad mensajes que ésta podrá utilizar con buen propósito.
El mago debe, pues, tener un perfecto conocimiento del mundo divino. Es considerado incluso, en la cumbre de su arte, como el Señor de la Enéada, corporación de nueve dioses, que cumple un papel primordial en el origen de toda creación. Portador de la gran corona, el mago se convierte en redactor de textos sagrados.
El egipcio ama lo escrito. Esto es al final lo que registra el conocimiento. "Ama los libros como amas a tu madre", se le recomienda a aquel que investiga la sabiduría. El mago, no se contenta con leer: engulle los textos coloca trozos de papiro en un cuenco, bebe el Verbo Mágico, ingiere las palabras portadoras de significado. Este extraordinario rito fue transmitido a las logias de constructores de catedrales.
Cerca de la momia se depositaba un papiro encargado de rechazar a las fuerzas hostiles y de permitir al muerto entrar con total seguridad en las regiones desconocidas del más allá. Estos escritos mágicos estaba situados o cerca de la cabeza, o cerca de los pies, o bien entre las piernas del cuerpo momificado. El muerto disponía así de fórmulas eficaces, de itinerarios, de indicaciones a seguir para llevar a buen fin su viaje póstumo.
Cada templo guardaba una biblioteca mágica en la que se conservaban las obras necesarias para las prácticas rituales y la enseñanza esotérica de los facultativos. En Edfú, por ejemplo, se depositaban obras para combatir a los demonios, rechazar al cocodrilo, aplacar a Sakhmet, cazar al león, proteger al rey en su palacio. El mago regula su vida cotidiana según las leyes cósmicas; así, "el vientre del primer mes de la inundación, es el día de recibir y enviar cartas. La vida y la muerte salen ese día. Ese día se hace el libro "fin de la obra". Es un libro secreto, que enseña a lanzar los encantamientos, que liga los conjuros, que intimida al universo entero. Contiene la vida, contiene la muerte (14)".
El escrito mágico goza de una vida autónoma, ya que está escrito en jeroglíficos, signos portadores de poder. Los Textos de las Pirámides, que comprenden numerosas fórmulas mágicas, ofrecen a este respecto un ejemplo muy significativo. Estos textos, inscritos sobre los muros interiores de las pirámides del imperio Antiguo (V y VI dinastías), se presentan bajo la forma de columnas de jeroglíficos. Cada jeroglífico está considerado como un ser vivo, hasta el punto de que los animales peligrosos o impuros (por ejemplo, los leones, las serpientes) son cortados en dos o mutilados para que no hagan daño al rey muerto y resucitado. Incluso en la composición de los textos mágicos, se notan costumbres características, como el proceso enumerativo, que consiste en poner largas listas de enemigos vencidos o de partes del cuerpo del hombre identificadas con las de los dioses. Se emplean también palabras incomprensibles, formadas por conjuntos de sonidos considerados eficaces: hay una mezcla de egipcio, de babilonio, de cretense y de otras lenguas extranjeras para desembocar en fórmulas del estilo abracadabra" . Estas curiosas desviaciones de la magia sagrada no deben hacernos olvidar el valor de la palabra. Leer en voz alta las fórmulas mágicas les confiere eficacia y realidad. La lengua jeroglífica está fundada en gran parte en un "alfabeto" sagrado que comprende cartas – madre (consonantes y semi – consonantes) . Las vocales no se anotan. Son elementos perecederos, pasajeros, que dependen de una época y de un lugar. El "esqueleto de consonantes" , por el contrario, es el elemento inmortal de la lengua. Esta idea de un valor mágico del lenguaje se conservó durante mucho tiempo. En la época copta, un amuleto preservaba veinticuatro nombres mágicos, comenzando cada uno con una de las letras del alfabeto griego (15).
"Yo soy la gran palabra", declara el faraón (16), indicando así que es capaz de dar vida a todas las cosas. Hay una palabra secreta en las tinieblas (17). Todo espíritu que le conozca escapará de la destrucción y vivirá entre los vivos. El viajero del más allá lo descubre y asume la magia que le permitirá manejar la vara de un dios venerable. Cualquiera que posea la fórmula será capaz de hacer su propia magia (18).

(14 ) Papiro Salt, 825, 139
(15) Lexa, F., I, 145
(16) Pir., § 1.100
(17) Text. Sarc., cap. 1087
(18) Text. Sarc., cap. 281
Cuando los dioses hablen, anularán la nada y abrirán el camino a las fuerzas de la vida. Es por ello que el mago respeta las palabras de los dioses, como las de Horus, que alejan la muerte, apagan el fuego de los venenos, devuelven el soplo de la vida y arrancan al hombre de un destino maléfico. Palabras y fórmulas pronunciadas por el mago no son fruto del azar: se inspiran en leyendas sagradas, acciones ocurridas en los tiempos divinos y que se repiten en el mundo de los hombres. Una fórmula mágica es eficaz en la medida en que se remonta a una remota antigüedad o, más exactamente, al origen de la vida. La fórmula de ofrenda por excelencia, peret kherou, significa: "lo que sale por la voz", siendo el Verbo el único capaz de animar la materia.
El título general de la fórmula mágica es "fórmula para…" convertirse, ser, tener poder sobre. Es preciso leerla, recitarla, enseñarla, comprenderla, grabarla, utilizarla como un auténtico instrumento espiritual y material. Repetir cuatro veces un texto mágico le otorga plena eficacia, pero es preciso también prestar atención al tono, al ritmo, a la salmodia.
La materia primera del mago es esta palabra que, añadida al gesto, produce el acto mágico. Para que las fórmulas resulten vivas, el mago encanta al cielo, la tierra, los poderes nocturnos, las montañas, las aguas, comprende el lenguaje de los pájaros y reptiles. Lo que está en juego es considerable: la correcta recitación de las fórmulas las hace capaces de acceder al séquito de Osiris y de formar parte de la cofradía de los reyes del Alto y el Bajo Egipto, la sociedad iniciática más cerrada que se pueda concebir.
Incluso las divinidades se ven obligadas a obedecer a las palabras del poder del mago: "¡Oh dioses todos y diosas todas, volved vuestro rostro hacia mí! ¡Yo soy vuestro dueño, hijo de vuestro dueño! ¡Venid a mí y acompañadme… yo soy vuestro padre! Yo soy compañero de Osiris, he recorrido el cielo en todos los sentidos, he hollado la tierra, he atravesado el mundo intermedio sobre los pasos de los venerables Iluminados, ya que estoy equipado con innumerables fórmulas mágicas (19)".
El mago se pretende eficaz por medio de su boca, gloriosa por su forma. Habiendo cruzado el horizonte y recorrido el cosmos en todas las direcciones, ha recogido la enseñanza de los bienaventurados.
Aquel por quien se recitan las fórmulas se beneficia de importantes privilegios: bebe el agua del río, sale a la luz del día como el dios Horus, vive como un dios, es adorado por los vivos, como un sol (20). Quien recita las justas palabras irá por todas partes. Su corazón permanecerá estable en cualquier forma que él adopte (21). Eyaculará su semilla sobre otra tierra, tendrá herederos que proseguirán su obra. Ni su poder, ni su sombra serán presa de demonios. Y esto, añaden los redactores de los libros de magia, fue "un millón de veces verídico".
Existe incluso una fórmula para protegerse de toda muerte, sea causada por la enfermedad, las bestias dañinas, el ahogamiento, una espina de pescado, un hueso de pájaro, el hambre, la sed, la agresión de los humanos o de las divinidades (22). En efecto, es preciso luchar sin cesar contra las agresiones de lo invisible que se manifiestan de mil y una maneras. Así, el mago recita frecuentemente fórmulas complejas a fin de desechar el fatal final del que se ha asfixiado (23). La falta de aire parece haber sido una de las obsesiones de los egipcios para quienes la respiración era una de las manifestaciones más patentes de la vida.



La magia evita también al hombre justo ser devorado por las serpientes. Para protegerle de forma eficaz, la mejor solución consiste en darle la apariencia de una serpiente que será capaz de tragarse a sus peligrosos congéneres (24). Volveremos sobre estos temas característicos de la magia egipcia.
Magia de estado, magia privada: ambos términos no son contradictorios, pero apuntan a objetivos sensiblemente diferentes. La primera alcanza una dimensión cósmica, la segunda, a veces iniciática, corre el riesgo en todo momento de hundirse en caminos que conducen a los

(19) Goyon, J. – C., Rituales, 257 – 8
(20) LdM, cap. 135
(21) Text. Sarc., cap. 503
(22) Lexa, F., II, 50
(23) ZAS, 57, 70
(24) Text. Sarc., caps. 370 y 374

Poderes más temibles. ¿No sucede así, incluso hoy, con las disciplinas científicas de las que estamos tan orgullosos?
La magia egipcia es una visión del mundo que ilumina zonas a la vez luminosas y oscuras del alma humana. Mucho antes que el psicoanálisis, fue una vía de investigación fecunda para el conocimiento de la última realidad que está en nosotros. Igualmente sirvió para manipular, no sin peligro, una energía psíquica que la ciencia más racional comienza a redescubrir, a tientas y con una cierta sorpresa.
El Antiguo Egipto, en el campo de la magia como en muchos otros, tiene mucho que enseñarnos. Escuchemos, pues, a los magos formular sus certidumbres, sus angustias, celebrar sus éxitos e interrogarse sobre los riesgos del fracaso. Es también nuestra aventura la que ellos relatan.

CAPÍTULO PRIMERO
El mago, hombre de conocimiento.

Un padre de familia egipcio, y además mago, vive un ritual cotidiano en el marco de su propia familia. Cuando ésta está reunida con ocasión de una fiesta o de una circunstancia considerada excepcional, el padre se convierte realmente en el símbolo de una fuerza sobrenatural. No se dirigen a él de ningún modo y no está permitido tomar la palabra en ningún momento. En Occidente, a menudo hemos perdido este sentido de lo sagrado en nuestras acciones más simples. Pues, como escribía Hermes Trismegisto, "el que está debajo es igual que el que está arriba". Incluso aunque este juicio nos choque, creo que un banquete como el que se celebró esa tarde de Navidad en Luxor es una ceremonia sagrada.
"El mago – dijo mi anfitrión - , es un hombre que conoce las cosas". Sus hijos aprobaban con la cabeza. Yo no podía disimular mi sorpresa. "Conocer las cosas…"; esta expresión, aparentemente banal, es frecuente en los textos jeroglíficos. Significa: mágicamente los dioses sobre la tierra. "Conocimiento – prosiguió el mago de Luxor - , he aquí la palabra clave del arte mágico".
Quien ignora las fórmulas mágicas no podrá circular como quiera en este mundo o en el otro (*). La ignorancia clava al hombre a la tierra, lo reduce a la esclavitud. El mago está "informado" por los dioses Sia, detentador de la intuición de las causas, y Hou, el Verbo creador. Éstos le toman de la mano y le conducen hasta el cofre misterioso. Lo abren ante él. E mago ve entonces lo que hay en el interior: el secreto mismo de la magia (1).
Intuición y Verbo: hoy, como ayer, ¿no se trata de dos "utensilios" indispensables para el que investiga? Desde el encantador de serpientes de los campos de Luxor hasta el físico atómico mas "evolucionado" , ¿no se sigue un proceso idéntico: percibir por la intuición, formular por el Verbo?
El mago no es un nigromántico ni un ocultista. Para Egipto, es un sabio y un sacerdote. Lee y escribe los jeroglíficos, conoce los libros antiguos y las fórmulas de poder. Es mago porque tiene el conocimiento esotérico.
Estos hechos resultan desconcertantes para nuestra mentalidad moderna que asocia la magia a las prácticas más aberrantes. El mago, en la civilización del antiguo Egipto, es un personaje público, que forma parte del universo "normal". Lo que sería "anormal", sería vivir sin magia, dicho de otro modo, con los ojos y los oídos tapados. Apto para las funciones más elevadas, el mago ocupa un rango importante en la corte del faraón.
En las aldeas, los magos locales, poseedores de los secretos técnicos a veces muy útiles para el bienestar de todos, son pequeños jefes muy respetados, consultados por el pueblo a cada paso. Poseen el saber sin el cual todos se sentirían en peligro.

(*) El capítulo de los Textos de los sarcófagos fue redactado para que aquel que viaja por el imperio de los muertos consiga el poder mágico. Es preciso acudir a la corporación de los Seguidores de Horus, sabios entre los sabios, que conocen los secretos de los orígenes. Ellos aportan al mago una protección allí donde éste se encuentre, a condición de que sea apto para el conocimiento y no caiga en el olvido.
(1) JEOL, 23, 359

En tanto que sacerdotes, los magos reciben una iniciación sacerdotal. Los que ocupan la cima de la jerarquía están sumidos en un modo de vida que Porfirio evocaba en estos términos (2): "Por medio de la contemplación, llegan al respeto, a la seguridad del alma y a la piedad; por medio de la reflexión, a la ciencia; y por los dos, a la práctica de las costumbres esotéricas y dignas del tiempo pasado". No olvidemos que el jefe de los magos es el faraón en persona, el que porta las coronas cargadas de la magia más concentrada y más eficaz.
Es la entrada en el conocimiento la que autoriza al mago a declarar: "Yo soy el señor de la vida cuya vida se renueva eternamente y mi nombre es Aquel que vive de los ritos (3)". En tanto que Khery – Heb, título que significa "el que está encargado del libro de los rituales", lee en voz alta los textos sagrados, dándoles una animación mágica que los hace plenamente eficaces.
Es en las salas secretas de la Casa de la Vida donde el mago era iniciado en la lectura y la comprensión de estos textos utilizados en las ceremonias públicas y privadas. Existía una Casa de la Vida cerca de cada templo, de tal manera que en ningún punto el territorio faltaban especialistas responsables de la primera de las ciencias del gobierno: la práctica de los ritos.
En el cuerpo oficial de magos, destacan algunas figuras, especialmente la del gran sacerdote de Heliópolis cuyo título egipcio, our maou, significa: "gran viajero" o "El que ve al gran (dios)". Su vestimenta ritual es una piel de león ornada de estrellas, lo que tiene una analogía lejana con el manto cósmico portado por el rey de Francia con motivo de la ceremonia de su coronación. El gran sacerdote de Heliópolis, "jefe supremo de los secretos del cielo", es el guardián de la tradición solar más antigua y de una magia de luz que vela por el renacimiento cotidiano de la fuerza de la vida. Sin la aplicación de la magia, en efecto, el sol no se levantaría cada mañana.
Magos igualmente, los sacerdotes de la diosa – leona Sakhmet son especialistas de la medicina y la cirugía. Médicos y hechiceros, su gama de competencias va de la banal picadura de insecto al traumatismo más grave. Sus más modestos competidores son los curanderos de aldea, capacitados para practicar los primeros auxilios. La comunidad iniciática de los constructores de Deir el – Medina, a quien debemos la mayor parte de los templos y tumbas del Imperio Nuevo, contrató a un encantador de serpientes y escorpiones para prevenir eventuales accidentes.
La magia es indisociable de las actividades que calificamos de "artísticas". De este modo, los tocadores de sistro, los danzarines, los músicos y las músicas formaban parte del personal de los templos, sin sacrificar el placer estético, sino bañando el alma de las divinidades de armoniosos efluvios para que éstas velaran por el equilibrio y la serenidad de los hombres.
Nada es gratuito en el mundo mágico del antiguo Egipto. Todo en él es juego de sutiles correspondencias que sólo los iniciados en la magia pueden percibir.

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

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En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.