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Monday, March 7, 2011

El Saber Magico del Antiguo Egipto 3



La magia es un asunto de percepción. Sin embargo, el centro de las percepciones más finas es el corazón. No el órgano en sí, sino el centro material del ser. Este corazón, según Egipto, es el testigo de la vida del hombre. Imposible de mentirle o engañarle. El corazón – conciencia concibe, piensa, da órdenes a los nervios, a los músculos, a los miembros. Es él quien permite a los sentidos funcionar correctamente. Todo parte del corazón y todo vuelve a él, él emite y recibe. Sensaciones e impresiones se relacionan con él para que produzca la síntesis y saque la lección de esas informaciones venidas del mundo exterior.
Según la mitología de la ciudad de Menfis, el dios Ptah concibió el mundo en su corazón antes de expresarlo por la boca. En cada ser consciente se despierta un corazón heredero del corazón divino. Receptáculo de la fuerza divina, responde de la rectitud del mago frente a sus jueces, aquí abajo y en el más allá. La calidad de la práctica mágica está estrechamente ligada a la calidad del corazón. Debe desarrollar en el mago sus facultades intuitivas que le permitirán descubrir el cofre misterioso del Conocimiento, prefiguración del Grial. Su corazón le dictará el modo de abrirlo, a fin de descubrir la esencia de la magia.
Un amuleto particular, el escarabajo de corazón, juega un papel determinante en el momento del paso entre la muerte terrestre y la vida eterna. El escarabajo es el símbolo de las metamorfosis y las mutaciones. Colocándolo sobre el corazón de la momia, el mago le confiere el poder de atravesar las zonas más oscuras en las que el ser corre el riesgo de sufrir graves heridas. En el mismo momento del feliz desembarco en las orillas del paraíso, el corazón del hombre le será restituido. Este don se ha preparado en la tierra, mientras en individuo vive. la actitud mágica consiste en hacer palpitar en sí mismo un corazón de origen celeste, en despertar la percepción de lo invisible.


Una magia de Estado.

La magia era considerada por el Estado egipcio como una actividad primordial. Los libros mágicos no están escritos por autores que redacten según su fantasía, sino que son obra de instituciones oficiales, como la Casa de la Vida, y forman parte de los archivos reales. Uno de los objetivos primeros de la magia, en efecto, es proteger al faraón de toda influencia negativa. Como escribe Jean Yoyotte, "es una magia de Estado, coherente, razonable, admirablemente serena y sorprendente, de donde procede la visión egipcia del mundo" (6)
Nos equivocaríamos totalmente si creyéramos que la magia, en la época de los faraones, era una actividad individual. Se trataba de su expresión más decadente y menos rica en significado. Los egipcios utilizaron sobre todo los rituales de los templos, celebrados en todo el país. Todo acto cultural es mágico. Pensemos, por ejemplo, en el hecho de que el faraón es el único que está capacitado para dirigir los ritos necesarios para mantener la presencia de los dioses en la tierra. La imagen del rey, grabada sobre los muros de cada templo, se anima de forma mágica para entrar en el alma del sacerdote que dirige efectivamente la ceremonia.
El centro mágico más grande de Egipto era probablemente la ciudad santa de Heliópolis, la ciudad del sol (a la altura de El Cairo), allí donde se elaboró la teología más antigua. Se conservaban allí numerosos papiros "mágicos", en el amplio sentido del término, que incluían escritos médicos, botánicos, zoológicos o matemáticos. La mayor parte de los sabios y filósofos griegos se dirigían a Heliópolis para recibir allí una parte de esta ciencia acumulada en el transcurso de los siglos. Fue allí, especialmente, donde Platón fue informado de la leyenda de la Atlántida que hizo correr tanta tinta y cuyo verdadero significado, desconocido desde siempre para nosotros, no puede deducirse más que de los textos egipcios.
Primer principio mágico: la necesidad de la ofrenda a los dioses. Gracias a este acto, la creación continúa. "Donar Maat (la armonía universal) al señor de Maat (el Creador)", según la fórmula ritual, es permitir que la vida se prolongue.

(6) Diccionario de la Civilización egipcia, 278

El Antiguo Egipto sólo temía al caos, este estado de negativismo opuesto al Maat, el orden de las cosas. La buena voluntad no basta para poder evitar el desorden que, a fin de cuentas, condena toda civilización. La magia es un arma de valor excepcional, gracias a la cual las barcas solares circulan correctamente en los cielos, los muertos reciben el alimento que les es debido, el Estado funciona, las fiestas se celebran. Sin intervención mágica del Estado, la crecida del Nilo no tendría lugar, los cultivos no serían irrigados, los cazadores no matarían las piezas, los pescadores no capturarían peces, los artesanos no terminarían sus obras, los templos no realizarían su misión.
Tal visión nos sorprende. Tantos fenómenos nos parecen hoy "tan naturales" que nosotros no discernimos su significado oculto. La caza, por ejemplo, era para el egipcio una aventura muy particular que consistía en entrar en el mundo de las fuerzas oscuras, no dominadas por el hombre. El peligro sobrevenía en todo momento, ya fuese bajo la forma de un animal del desierto o de un cocodrilo furioso. El cazador tenía el papel de afrontar las fuerzas del mal. Utilizaba también fórmulas mágicas para dominarlas.

El rey mago

El faraón de Egipto no tiene padre ni madre. Vive la vida y no sufre la muerte. Es el gran mago por excelencia, porque en él se encarna la fuerza de la vida. Sólo el faraón, en el Imperio Antiguo, está capacitado para comunicar con el principio divino para que la humanidad subsista. Es, pues, el rey, señor de las fuerzas naturales y sobrenaturales, quien detenta el poder real. Lo ha adquirido nutriéndose de las fuerzas mágicas, con motivo de un extraordinario banquete réplica de un trastorno cósmico que acompaña la venida del rey en los espacios celestes (7). Las estrellas se ensombrecen. La luz se atenúa. El cielo y la tierra tiemblan. Un personaje terrorífico provoca estos acontecimientos: ¡El faraón en persona! Él es quien se alimenta de sus padres y sus madres. Es un señor de la sabiduría de cuya madre no conoce el nombre. Su gloria está en el cielo, su poder está en el horizonte como el de Atum, el Creador que lo engendró. El rey se ha hecho más poderoso que él. Toro del cielo, asimila el ser de cada divinidad. Se alimenta de hombres y dioses. Khonsu, un genio temible, mata a los seres de los que tiene necesidad el rey y extrae para él lo que hay en sus cuerpos. Otro genio, Chosmou, los cuece para él en las piedras de un fogón. El rey se nutre de su magia, devora sus espíritus. La parte gruesa es para la comida y las pequeñas para la cena. El faraón se apodera de los corazones de los dioses, se come la corona roja, devora la verde. El cosmos reconoce su dominio. Se nutre de los pulmones de los sabios y de su magia. Su tiempo de vida es la eternidad.
Calificamos este texto de "himno caníbal", suponiendo que hacía alusión a rituales muy arcaicos en los que los egipcios habrían consumido carne humana. En realidad, de este modo se evocaba la captación del poder mágico por la ingestión directa de la vitalidad divina considerada como un alimento.
Henchido de magia, el faraón está protegido. El ser maléfico que lo mordiera no conseguiría más que envenenarse a sí mismo. Cada parte del cuerpo real está divinizada. El vientre del faraón, por ejemplo, es Nut, la diosa del cielo. Porque la fuerza mágica se encuentra precisamente en este "vientre celeste"
Frente a los dioses, el faraón manifiesta su autoridad. Él les ordena construir una escalera para que pueda subir al cielo. Si no lo obedecen, no tendrán ni alimento ni ofrenda. Pero el rey toma una precaución. No es él, en tanto que individuo, quien se expresa, sino el poder divino: "No soy yo quien os dice esto a vosotros, los dioses, sino la Magia la que os dice esto" (8)
Cuando el faraón realiza su ascensión, la magia está a sus pies (9). "El cielo tiembla, afirma él, la tierra se estremece ante mí, porque yo soy el mago, yo poseo la magia" (10). Es él,

(7) Pir., caps. 273 – 274
(8) Pir., § I.324
(9) Pir., § 477
(10) Pir., § 924

por otra parte, quien instala a los dioses en sus tronos, probando así su omnipotencia reconocida por el cosmos.
En el Egipto del Imperio Antiguo, todo lo que concierne a la persona real es de orden mágico. Como faraón es el único sacerdote, tiene la función de "encargarse" mágicamente de los rituales de Estado. El nombre real está contenido en un "cartucho" cuyo nombre egipcio, chenit, significa "lo que encierra" (es decir, el contenido del universo sobre el que reina el faraón). Según el principio del juego de palabras, capital para comprender el funcionamiento de la lengua jeroglífica, este término implica también la idea de "conjuración" . También el nombre real está protegido mágicamente por el cartucho. Atributos, insignias, vestimentas reales están cargados de magia. La corona ocupa el primer lugar de estos objetos. Es considerada como un ser vivo, como una diosa, a la vez leona agresiva y serpiente que ataca a los enemigos del rey. Se le cantan himnos. Sólo el faraón es capaz de portarla y de utilizar sus virtudes secretas.

Magos célebres

Según Manetón, es el sacerdote de Sebennitos quien, en la época griega consagró una obra célebre en la historia de los reyes de Egipto, el faraón Athotis (I Dinastía) era un médico que redactó libros de anatomía. Practicó, pues, un arte mágico abriendo una vía a sus sucesores. Desde esta perspectiva, se considera que todos los faraones fueron magos institucionales.
En el Imperio Antiguo, Imhotep fue el más célebre de los magos. Su renombre era tal que, muchos siglos más tarde, los griegos lo identificaron con su dios de la medicina Asclepios. En el Imperio Nuevo, los escribas rendían culto al "dios" Imhotep; antes de escribir, arrojaban un poco de agua a la tierra en memoria de su ilustre patrón. Por otra parte, la personalidad de Imhotep es esencial para entender el alcance del "campo mágico" en el antiguo Egipto. Este personaje no era un hechicero de aldea, sino el primer ministro del todopoderoso faraón Zoser y el inventor de la arquitectura de piedra cuya obra maestra fu la pirámide escalonada de Saqqara. Dicho de otro modo, un hombre de Estado de primer rango cuyas competencias mágicas eran consideradas indispensables para realizar correctamente su función. Ciertas "recetas", atribuidas a Imhotep, fueron transmitidas a posterioridad, como ésta (II): "Coger una mesa de olivo de cuatro pies. Ponerla en un lugar limpio, en el medio; recubrirla completamente con una tela. Poner cuatro ladrillos sobre la mesa, uno sobre otro. Delante de la mesa, un incensario de arcilla. Poner carbón de madera de olivo sobre el incensario y un ganso salvaje gordo machacado con la mirra formando unas bolas y ponerlas sobre la hoguera, pronunciar una fórmula, pasar la noche sin hablar a nadie sobre la tierra. Se verá al dios bajo la forma de un sacerdote portando una vestimenta de lino". Entonces, el mago invoca al que está sentado en las tinieblas, pero en medio de los dioses, buscando y recibiendo los rayos del sol.
Hardedef, uno de los hijos de Kheops, era conocido por sus extensos conocimientos y sus sabias palabras. Descubrió diversos libros de magia antiguos, cuyas fórmulas fueron integradas en los escritos rituales. Khaemuase, cuarto hijo de otro faraón célebre, Ramsés II, era gran sacerdote de Ptah en Menfis. Construyó y restauró numerosos monumentos. Tenía pasión por la arqueología y el estudio de los documentos antiguos. Pasaba por ser un gran sabio e inspiró dos historias de magia sobre las que volveremos.
Horus, el hijo de Panéchi, era un mago que vivió en la Época Baja. Tuvo que combatir con un mago etíope que amenazaba a la seguridad del Estado. Este Horus había vivido quince siglos antes y se había reencarnado para correr en socorro de su país.
Es el mago Es – Atum, sacerdote que vivió en la época de Nectanebo II (359 – 341), a quien debemos la salvaguarda de la famosa estela de Metternich. Es – Atum había comprobado que había sido suprimida una inscripción en un templo de la cuidad santa de Heliópolis. Para que no se perdiera este testimonio precioso, hizo volver a copiar el texto sobre una estela que nos ha llegado.
Esta pequeña galería de retratos tiene simplemente por objeto ilustrar la continuidad del estatuto del mago en el transcurso de los siglos en los que se desarrolla la aventura egipcia. Podríamos, desde luego, citar decenas de otras figuras. Pensemos, por ejemplo, en Harnouphis,

(II) Papiro mágico Leiden, 42
que fue el último mago egipcio de gran renombre. Estaba presente sobre los campos de batalla de Mordavia, en 172, donde combatió el ejército de Marco Aurelio. El agua escaseaba. Privados de aprovisionamiento, los romanos corrían el peligro de morir de sed. El mago egipcio hizo que lloviera, espantando a los bárbaros y salvando a los soldados de Marco Aurelio. La antigua ciencia de la tierra de Egipto probaba de este modo que no había perdido su eficacia.

Textos mágicos

Los textos mágicos, que forman una parte considerable de la "literatura" egipcia, está inscritos en soportes materiales variados: papiros (desde el Imperio Medio), ostraca (tejas de caliza), estelas, estatuas, múltiples pequeños objetos. Los eruditos contemporáneos, habituados a las disecciones racionalistas, tienen por costumbre clasificar los textos egipcios en "literarios" , "históricos", "religiosos" , "mágicos", etc. Estas distinciones formales no se corresponden con la realidad. El Cuento del náufrago, reconocido como "literario", es una admirable historia de magia. Los Textos de los Sarcófagos, llamados "funerarios" , apelan sin cesar a la magia. En la medida que un texto está escrito en jeroglíficos puede considerarse eficaz, incluso podríamos decir que todo escrito egipcio es mágico en esencia, aunque haya que reconocer diversos grados en la aplicación de este principio.
Ciertos textos, sin embargo, se desprenden del conjunto por su importancia o su originalidad. Entre ellos, el Libro de los dos caminos, inscrito sobre los sarcófagos del Imperio Medio, da al muerto el conocimiento de los caminos del más allá. Dos caminos, uno de tierra, otro de agua, están separados por un río de fuego. Tantas vías simbólicas de acceso hacia un país poblado de temibles genios. Es allí donde se encuentra una especie de Grial que el justo descubre después de haber sufrido numerosas pruebas, cuyo solo conocimiento "mágico" le da las claves.
Los Libros de horas son conjuntos de fórmulas que el mago recita durante las horas del día y de la noche para obtener los favores de las divinidades. El Papiro de Bremner – Rhind, donde es relatada la lucha de los poderes solares contra el monstruoso dragón Apophis, genio de las tinieblas, registra también un tratado esotérico sobre la naturaleza divina. Se nos revela que el Señor del Universo ha creado al conjunto de los seres mientras el cielo y la tierra no existían aún. En su corazón es donde fue concebido el plan de la creación. De Uno, el arquitecto de los mundos se convirtió en Tres. Provocó mutaciones y transmutaciones, se instaló sobre la colina primordial, primera tierra emergida. En cuanto a los hombres (remetj), nacieron de las lágrimas (remetj) de dios, cuando lloró sobre el mundo.
La estela de Metternich es la más célebre de las numerosas estelas mágicas. Data del siglo IV antes de Cristo y contiene un extraordinario texto que trata de la curación mágica de Horus niño, picado por un animal venenoso en los pantanos del Delta donde vivía escondido en compañía de su madre Isis. En la parte superior del anverso de la estela se ve a Horus de pie sobre los cocodrilos y agarrando a criaturas maléficas. El joven dios está protegido por Thot, el mago, y por Hathor, diosa de la armonía. En la parte inferior, una "franja dibujada" simbólica comprende seis registros en los que figuran dioses y genios, desplegando su actividad en múltiples escenas de conjuración. En el vértice de la estela, ocho monos babuinos celebran con gritos el nacimiento de la luz. La estela de Metternich evoca también el papel de la gran maga, Isis. Cuando ésta encontró a su hijo Horus agonizando, llamó a los habitantes de los pantanos, pero ninguno de ellos conocía el remedio apropiado. Nadie podía pronunciar palabras eficaces de curación. El Creador, Atum, ¿permitirá que la vida se esfume? Isis saca a Horus del féretro en el que reposaba e impulsa una planta larga que llega al sol. Su amenaza es terrorífica: mientras que su hijo no sea curado, la luz no brillará más. Los poderes celestes, apremiados y obligados, intervienen en favor del joven dios: "¡Despiértate, Horus!", le dicen. El veneno pierde su poder nocivo, y se hace ineficaz. Horus sana. El orden del mundo se ha restablecido. La barca divina recorre de nuevo los espacios celestes.
Otro documento sorprendente: "la estatua curativa" de alguien llamado Djed – Her, guardián de las puertas en el templo de Atribis. Descubierto e 1918 y conservado en el Museo de El Cairo, ofrece informaciones sobre las prácticas religiosas en el siglo IV después de Cristo. Posado sobre un zócalo, que mide 0.65 m de altura, este monumento de granito negro representa a un personaje en cuclillas, con los brazos cruzados, de espaldas contra un poste. Su cuerpo está cubierto de inscripciones, a excepción del rostro, los pies y las manos. La superficie del zócalo está excavada de modo que dos cuencos, unidos por un desagüe, recogen el agua que se ha impregnado de magia, tras haber sido expandida sobre la estatua. Al beber de esta agua, el enfermo sanará.
En toda estatua curativa, la mención del nombre propio del difunto es importante. El muerto pedía a los que querían utilizar mágicamente su estatua que leyeran a favor suyo textos rituales. También aparecía como un salvador que realizaba milagros. "¡Oh, sacerdotes todos – dice un texto de la estatua – escribas todos, sabios todos que veis a este Salvador! ¡Recitad sus escritos, aprended sus fórmulas mágicas! ¡Conservad sus escritos, proteged sus fórmulas mágicas! Decid la ofrenda funeraria que da el rey en mil cosas buenas y puras para el ka (el poder vital) de este Salvador que ha hecho suyo el nombre de Horus – el Salvador".
En la misma categoría de documentos se clasifica una base de estatua de granito negro (32,2 cm de largo, 12 cm de altura) adquirida en 1950 por el Museo de Leiden. Cubierta de textos mágicos, está fechada, aproximadamente, en la época tolemaica. Estos textos revelan que Isis, llegada de una morada secreta en la que la había dejado Seth, utiliza todos los recursos de la magia para sanar a un niño desgraciadamente picado por uno de los siete escorpiones que la precedían en sus desplazamientos.
Entre las estatuas "mágicas", ocupa un lugar aparte la del faraón Ramsés III encontrada en el desierto oriental (12). Tenía por función proteger a los viajeros contra los animales maléficos, en especial las serpientes. Los que se aventuraban en los parajes del istmo de Suez se beneficiaban así de los favores de Ramsés III divinizado, cuya efigie, situada en un pequeño oratorio, emitía una influencia benefactora. Sobre la estatua (o más exactamente sobre el grupo esculpido, ya que el rey estaba acompañado de una diosa), estaban grabadas fórmulas mágicas que aseguraban la salvaguarda de Horus niño, garantizando también la del viajero.
Una corporación de magos, los saou, es decir "los protectores" , estaba encargada de velar por la seguridad de los que recorrían los caminos del desierto. Ramsés III tuvo relaciones particularmente estrechas con el universo de la magia. Cuando el sombrío asunto criminal denominado "conspiración del harén", complot fomentado por dignatarios, se utilizó la magia más negativa para intentar suprimir al jefe de Estado. Uno de los conjurados había logrado robar un texto mágico ultrasecreto en los archivos reales. Hizo uso de él contra su soberano. Los conspiradores fabricaron figuritas de cera que representaban a los guardas del faraón y consiguieron paralizarlos. Sin duda esperaban llegar más lejos pero fueron identificados y capturados. La utilización de la magia como arma criminal era considerada como un delito muy grave entrañando condenas a muerte, siendo ejecutada la sentencia bajo la forma de suicidio.
Varios museos guardan papiros mágicos de desigual interés. Hemos citado más arriba el papiro de Bremner – Rhind y podríamos establecer una larga lista de documentos (muchos de ellos inéditos o no traducidos o bien inaccesibles por razones oscuras a veces). Uno de ellos, el papiro demótico de Londres y de Leiden, goza de un renombre algo injustificado. En efecto, este documento muy tardío mezcla prácticas adivinatorias, recetas de baja hechicería y elementos mitológicos antiguos. Es el reflejo de una mentalidad mágica poco coherente, ocupando un lugar nada despreciable en sortilegios cuyo buen nombre tenía por fin conquistar a la mujer amada. Por otra parte, este papiro no está redactado sólo según la costumbre de los egipcios, sino también según la de los griegos y cristianos.

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

Copyright

En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.