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Tuesday, March 15, 2011

Los ovnis de la Guerra Civil


Objetos no identificados en la España de los años 30
.- Faltaban aún diez años para que la llamada «era moderna» de los OVNIs diera comienzo en 1947 con el famoso avistamiento de Kenneth Arnold sobre el monte Rainier. Sin embargo, extraños objetos voladores y sus tripulantes surcaban ya nuestros cielos, mientras España se veía envuelta en una guerra civil. Soldados nacionales y republicanos se preguntaban que eran aquellos extraños artefactos sin identificar.

Kenneth Arnold no describió los objetos que había visto como «platillos volantes». Se limitó a decir que los artefactos que había observado «se desplazaban como platos rebotando en la superficie del agua». Fue la prensa quien adoptó esa errónea denominación. Curiosamente, a partir de entonces los testigos describían objetos que parecían platos voladores...

El párrafo anterior recoge uno de los argumentos más utilizados por los escépticos para negar la realidad del fenómeno OVNI. Para ellos, el mito de los no identificados nació de un error periodístico. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Estos defensores del racionalismo a ultranza olvidan (intencionadamente o no) que mucho antes de que Arnold viera aquellos objetos en forma de boomerang –esa fue la descripción real que dio– cientos, sino miles de personas en todo el mundo ya habían descrito objetos no identificados de aspecto discoidal.

Y España no era una excepción. Los investigadores hemos recogido multitud de testimonios que mencionan este tipo de objetos ya a principios del siglo XX y mucho antes, cuando nadie mencionaba aún a los platillos volantes. Precisamente, unos diez años antes del avistamiento del piloto americano, España se encontraba envuelta en su Guerra Civil. No hace falta aclarar que la generación a la que le tocó vivir aquella


No conocía la ciencia-ficció n y tenía otros problemas más graves de los que preocuparse. Y sin embargo, nuestros archivos guardan varios casos en los que los testigos se encontraron cara a cara con un fenómeno que oficialmente aún no había nacido.

El 17 de agosto de 1936, la isla de Mallorca se había convertido ya en uno de los escenarios de la guerra. En la fortaleza de Pollensa se encontraba destacado un grupo de unos 80 soldados y oficiales del bando nacional. El día anterior se había producido una lucha con las fuerzas republicanas, que llegaron hasta la costa mallorquina mediante submarinos por el lado opuesto al puerto. Por aquel entonces, el afamado pintor argentino Roberto Ramaugé vivía en las Baleares, y la noche siguiente al combate se encontraba en una terraza junto a otras personas observando el Mediterráneo.

Todos los allí presentes miraban atentos a las aguas y el firmamento, ya que se esperaba un nuevo ataque. De pronto, y a unos 10.000 pies de altura, Ramaugé y sus acompañantes se percataron de la presencia en el cielo de tres objetos voladores muy brillantes. «Creímos que eran nuevas armas aéreas que la Alemania nazi enviaba a los ejércitos de Franco. Todo el mundo sabe que las distintas potencias ayudaron a uno y otro bando, y en esa guerra fraticida los grandes probaron distintas armas». Sin embargo, los tres artefactos que sobrevolaron el cielo mallorquín no tenían nada que ver con los aviones convencionales de la época. Su forma recordaba a la de un plato que se desplazara por el aire, y despedían una luminosidad formidable. Los OVNIs volaban a una velocidad asombrosa y los testigos los vieron desaparecer rápidamente en dirección Sur. El fenómeno de los no identificados había hecho su primera aparición en la contienda...
Un extraño proyectil
Madrugada del 2 de octubre de 1936. Un automóvil sale desde el cuartel general de las tropas nacionales en Burgos, con destino a Biarritz. Valentine Williams, novelista y combatiente en la Primera Guerra Mundial, el torero Fernández de Arzabal y Neil O´Malley Keyes viajan en su interior. A las 4:18 horas, cuando se encuentran a 119 Km. de San Sebastián, se percatan de la presencia en el firmamento de algo fuera de lo común.

Un extraño objeto –que en principio Williams identificó como un proyectil-, surcaba el cielo tras surgir de una montaña próxima. El objeto, que se desplazaba a gran velocidad, volaba a la izquierda del vehículo y en dirección norte. De pronto se convirtió en una llama de color naranja, y Williams paró el motor del coche con la intención de escuchar algún sonido, pero no oyeron nada. Al llegar a su destino, relataron con detalle lo que habían visto, y más tarde, Tom Dupree, miembro del consulado británico en Hendaya, confirmó haber visto el mismo objeto a 48 Km. de dicha población.
Aquello era como un sombrero mexicano»
Ya había salido el sol, y los soldados del batallón que aquella mañana del 5 de febrero de 1938 defendían la posición de Peñón de la Mata (al norte de la provincia de Granada) soportaban el frío como podían mientras vigilaban atentamente su posición. El cielo estaba completamente limpio, y nuestro testigo –un combatiente de la brigada 76– pronto se percató de la presencia de algo anormal en los cielos granadinos.

Situado a bastante distancia, y a una altura de unos 200 metros, el soldado observó un objeto similar a «un sombrero mexicano» de color aluminio mate. Los rayos de sol, reflejados en su superficie, dejaban apreciar que se trataba de un artefacto metálico. El extraño objeto llevaba un vuelo lento, y muy despacio se fue aproximando a la posición del testigo. Fue entonces cuando pudo observarlo con más precisión:

«Visto desde abajo tenía la forma exacta de una rueda de carro. En el centro, donde nacían todos los radios, tenía como la lente de una máquina fotográfica y daba una sensación de profundidad». Cuando el objeto se aproximó aún más, pasando casi sobre su vertical, el soldado pudo apreciar incluso unas ventanas negras de lados curvos que aparecían en los laterales del sorprendente «sombrero mexicano». Según relató el testigo al diario ABC, el objeto despedía una especie de vapor por los laterales, y daba la impresión de poseer una pequeña cola. Además, el extraño artefacto parecía girar sobre sí mismo, en dirección contraria a las agujas del reloj. El OVNI, que llevaba una trayectoria Norte-Sur, comenzó a alejarse, y en ese momento los soldados dejaron de observarlo, ya que la situación en el frente no les permitía distraerse, de modo que no pudieron ver por dónde pudo haber desaparecido.
Hasta aquí la descripción del soldado. Pero, ¿qué fue lo que observaron aquellos asombrados combatientes? ¿Un prototipo militar? ¿En la España de los años 30? Veamos lo que dice J. J. Benítez sobre los efectivos aéreos militares durante la Guerra Civil en su obra La punta del Iceberg:

«La fuerza aérea española en 1936 era reducida y anticuada. El `caza' principal era el semiplano Nieuport NID. 52, de los que quedaban unos 40 aparatos. El avión con mayor número de unidades operativas era el Breguet, un biplano biplaza de reconocimiento y bombardeo (60 unidades). La primera ayuda de Alemania se materializó en 20 aviones Junkers. A continuación irían llegando otros aparatos italianos, alemanes, rusos, franceses norteamericanos, holandeses, ingleses y checos».

Sin embargo, a pesar del material aéreo venido de distintos países y recibido por los bandos respectivos, ninguno de estos aviones cumplía con las características descritas por el testigo. ¿Una aeronave circular en la España de 1938? Si bien es cierto que los alemanes llegaron a diseñar y construir algunos artefactos de ala circular, éstos no se llevaron a cabo hasta años después, de modo que difícilmente podrían estar sobrevolando los cielos españoles.

El testigo, que prefirió permanecer en el anonimato, acabó perdiendo una pierna a los 3 días del suceso. Con el paso de los años se convirtió en pintor, y acabaría firmando antes los investigadores una declaración jurando que lo relatado era totalmente cierto.

Humanoides en el frente de Guadalajara

Tan sólo cinco meses después del avistamiento de Granada, otros militares iban a ser testigos –esta vez en Guadalajara– de un suceso no menos increíble. Pasaba media hora de las once de la noche del 25 de julio de 1938. Los testigos (un teniente y su asistente) descendían por una vaguada situada en la población de La Alcarria. De pronto, una fuerte luz blanca llamó poderosamente su atención. Segundos después la luminosidad se apagó y ante sus ojos apareció un objeto de forma discoidal de unos 11 metros de largo y 5 de altura.

El disco se encontraba a unos 60 metros de ellos, y parecía estar suspendido a unos dos metros del suelo. Los testigos lo describieron como «dos platos unidos por su parte convexa, separados por una línea o sección de color más oscuro». Además, el OVNI contaba en su parte inferior con una especie de columna que bajaba muy despacio y que parecía sostener a dos figuras humanoides. A continuación, el objeto comenzó a proyectar un círculo de luz azul sobre el suelo. Cuando el círculo de luz alcanzó a los militares, éstos sintieron una sensación de frío. Poco después la luz se apagaba y la columna se elevó en absoluto silencio, todo ello acompañado por la aparición de una especie de chispas de colores que salían del objeto. En ese momento los testigos creyeron observar como las «dos mitades» del artefacto empezaban a girar, cada una de ellas en dirección contraria a la otra. El disco comenzó a emanar un fuerte brillo de color blanco y ascendió a gran velocidad, desapareciendo en el firmamento.

Al igual que en el caso de Granada, no existe explicación aparente para dicho avistamiento. A pesar de que los dos militares creyeron que lo que habían observado debía ser un prototipo alemán o de los republicanos, ya hemos explicado que esto era materialmente imposible. El testigo principal (en aquel entonces teniente) mantuvo su deseo –ante nuestro colaborador Manuel Carballal– de permanecer en el absoluto anonimato. Eliminada la posibilidad del fraude, ¿qué nos queda? Tan sólo aceptar que el fenómeno OVNI ya campaba a sus anchas por España en 1938.



Aterrizaje OVNI en Ávila
Fue Juanjo Benítez quien en su libro La punta del Iceberg sacó a la luz el siguiente caso. Mariano Melgar –por aquel entonces un niño de unos siete años- había sido enviado por sus padres al pueblo de Muñico, en Ávila para alejarlo de los horrores y el peligro de la contienda. Corría el verano de 1938, y durante una mañana en la que el niño se encontraba con el ganado tuvo lugar el increíble suceso:

«Yo cuidaba entonces de algunas de las vacas de mis familiares. Y aquella calurosa mañana del verano, a eso de las doce, salí del pueblo, en dirección a un monte próximo, situado a dos o tres kilómetros de Muñico (…) Llegué al bosquecillo y me senté entre los árboles, mientras las vacas comían en una hondonada cercana. Entonces empecé a escuchar un zumbido que atronaba los oídos. Miré al cielo y descubrí un destello luminoso en mitad del azul (…) Muy pronto comprendí que se trataba de un aparato redondo, que lanzaba destellos como de plata. Bajó muy cerca del linde del bosquecillo y se posó en tierra. Yo me refugié tras uno de los árboles y me dediqué a espiar.»

Fue entonces cuando Melgar observó con detenimiento un objeto redondo de unos 15 o 20 metros de diámetro y que poseía una especie de cúpula en su parte superior. En la parte inferior del objeto se apreciaban varias patas que sostenían al artefacto y sobre el fuselaje de la «nave» decenas de luces de colores se encendían y apagaban rítmicamente. Repentinamente se abrió una puerta en la estructura y tras desplegarse una especie de rampa aparecieron tres hombres:

«Apenas si habían trascurrido unos segundos cuando vi aparecer por la puerta a un hombre. Después salió un segundo individuo y, por último, un tercero. Pero mientras los dos primeros caminaron por la rampa y se alejaron unos cinco o diez metros de la nave, el tercero, que era un poco más bajo que los otros, se quedó en el quicio (…) Los dos primeros llegaban casi al dintel. Calculo que aquella puerta tendría unos dos metros de altura por otros tantos de anchura (…) El caso es que los dos primeros se dedicaron a coger algo… No sabría decirle si tierra o plantas. Uno se arrodilló, de eso estoy seguro. Llevaban algo en las manos. Quizá fuera un saco… Intenté aproximarme a los extraños pilotos. No habría caminado ni cinco metros cuando el que seguía en el quicio de la puerta me lanzó un destello que casi me tiró de espaldas. Aquello me asustó y retrocedí hasta los árboles.»

Tras un segundo intento de Mariano por aproximarse, y tras recibir idéntica respuesta que en el primero, los «hombres», que parecían moverse a cámara lenta comenzaron a regresar al aparato. Uno de ellos, en un curioso gesto, levantó su brazo y saludó al testigo. «Desde allí terminé de ver el despegue de aquel objeto. Primero entró la rampa y, acto seguido, se cerró la puerta. Entonces, en segundos, el aparato comenzó a subir hasta unos 50 o 100 metros. Giraba sobre sí mismo y por debajo se veían muchas luces de colores. Después se alejó en dirección a Barco de Ávila.»

Hasta aquí el relato del muchacho, que durante cuarenta años había permanecido en el más absoluto silencio. Al igual que en los casos anteriores, el testigo identificó a los tripulantes y su aeronave como «uno de los aviones del general Franco». Sin embargo, él mismo reconoció años más tarde: «Hoy sé que aquello no podía tener ninguna relación con nuestra guerra».

Epílogo para una guerra
La Guerra Civil española finalizó en marzo de 1939. Sin embargo, la actividad OVNI continuó, aparentemente ajena al desarrollo de la contienda. En mayo de 1939, según pudo averiguar Iker Jiménez, varios vecinos de la alquería cacereña de Horcajada se vieron sorprendidos por la inesperada visita de un ser de apariencia humanoide, provisto de piernas de metal y que se dejó ver en varias ocasiones. Una de las testigos, Adelaida Rubio, aseguró que la entidad –cuya aparición se veía casi siempre precedida por un fuerte destello– tenía el aspecto de un «extraño soldado», que caminaba a grandes zancadas y de forma torpe.
Poco después, en el verano de 1939, varios niños que cuidaban ganado en Zahara de los Atunes (Cádiz) observaron un objeto volador de unos 18 metros de diámetro. Cuando el OVNI los sobrevoló a baja altura, tuvieron una sensación de calor. El objeto aterrizó a unos 30 metros de ellos, levantando una gran polvareda. Después se abrió una puerta, y de ella salieron dos seres, uno alto y otro bajo y grueso que con una especie de linterna iluminaban los alrededores a pesar de ser mediodía. Tras alejarse unos 20 pasos del OVNI, dieron la vuelta y entraron en él. El encuentro había durado unos 15 minutos.

Mientras España intentaba rehacerse tras los horrores de la guerra, los avistamientos y aterrizajes continuaron sucediéndose por toda la geografía nacional… Los casos anteriores a 1947 se cuentan por decenas. Quién sabe cuantos encuentros habrán permanecido ocultos, guardados para siempre en la memoria de sus protagonistas. .. De una forma u otra, estos avistamientos que precedieron al de Arnold demuestran que los OVNIs ya surcaban los cielos cuando aún nadie había publicado las palabras «platillos volantes

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

Copyright

En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.