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Monday, March 7, 2011

EL SUEÑO DEL TEPUI


Luis Córdova
En el año de 1912 un autor que detestaba su creación más trascendente realizó un
viaje tan vertiginoso como imaginario hacia las profundidades de América del
Sur. Los protagonistas de 'El Mundo Perdido' llegaron hasta una extraña meseta
donde encontraron. .. dinosaurios. Eran los habitantes del Tepui.
Pero ésta no es la historia de una superproducció n efectista alimentada con
millones de dólares de finales de este siglo, sino la expedición hacia una obra
fundacional escrita por un inventor de detectives llamado Arthur Conan Doyle.
Apenas comenzaba el siglo cuando se escribió la primera novela sobre
dinosaurios. Y por si fuera poco dio origen a la primera aparición de estos
seres en una superproducció n del cine mudo.
El viaje ciberespacial explora la aparición de los dinosaurios en el imaginario
colectivo, el asombroso descubrimiento de los Tepuis de Venezuela, el destello
en la vida gris de un novelista de éxito. La aventura en estado sólido...
El primer paso es, justamente, visitar 'El Sueño del Tepui'.
1. La escena
Existe un lugar del planeta en el cual las miradas vagan a través de una
planicie verde, adornada con suaves colinas que parecen olas, desde donde en
forma casi repentina se alzan hacia el cielo islas de una geometría inquietante:
son mesetas de paredes verticales cuyas cumbres a menudo están sumergidas en las
nubes, alejadas del resto del planeta, habitadas por misterios y maravillas.
La parte superior de esas mesetas conocidas desde tiempos ancestrales como
Tepuis es aplanada, por lo tanto invisible desde abajo, un hecho que contribuyó
a alimentar la fantasía humana... ¿Qué paisaje podría existir allí arriba? ¿Tal
vez una naturaleza desencadenada habitada por seres de otro tiempo?
¿Dinosaurios, quizás?
El escritor Sir Arthur Conan Doyle apostó a la imaginación y en 1912 publicó una
novela sobre dinosaurios.
La novela 'El Mundo Perdido' colocó por primera vez a los dinosaurios en la
lista de los bestsellers y dio origen a una superproducció n del cine mudo que
dejó boquiabiertos a los espectadores. Después de todo, era una obra publicada
por uno de los autores más exitosos de esa época, creador del detective Sherlock
Holmes. Y para Doyle, fue una divertida manera de distanciarse del flemático
detective de Baker Street 221 B, cuya sombra llena de ficciones lo acechaba en
su realidad de cada día.



El argumento no tenía nada de elemental. El siglo XX estaba comenzando, en aquel
tiempo las osamentas de los dinosaurios apenas empezaban a dar una idea sobre
esas formas de vida que habitaron el planeta en tiempos remotos. Y sólo los más
atrevidos se aventuraban a profundizar en la Gran Sabana de Venezuela, donde
están ubicados los Tepuis.
Arthur Conan Doyle nunca había visto un dinosaurio en persona, pero los conocía
bien y seguía de cerca los hallazgos paleontológicos. Además, nunca había
visitado Sudamérica y ni que decir de aquellas lejanas islas aéreas, pero tenía
noticias de ellas.
La novela comenzó a aparecer por entregas desde abril de 1912 en la revista
inglesa 'Strand', la misma donde el escritor había publicado varias de sus
obras. Los lectores sentían un interés morboso estimulado por el espanto que
producía la posibilidad de un encuentro entre los humanos y esas bestias
inmensas. Era una época en la que la gente estaba mucho más dispuesta a dejarse
sorprender por la ilusión de la aventura, y más aún si tenía efectos especiales.
Décadas después, una mirada a ese libro revela una obra audaz para su tiempo,
cargada con algunas intuiciones interesantes: el escritor vio en esas mesetas la
posibilidad de una evolución de las especies distinta a la del resto del
planeta, mientras confiaba en el poder hipnótico de los dinosaurios, que muchos
años después causan furor entre la población.
Los Tepuis o Tepuys son más de un centenar y están sembrados en la Gran Sabana,
donde confluyen ríos, sabanas y selva. Muchas de esas cumbres siguen ocultando
sus secretos pues la exploración es difícil, pero otras son objeto de
expediciones científicas y algunas de ellas ya son destino regular del turismo
de aventura. Los investigadores encontraron allí un universo donde la fantasía
parecía convertirse en realidad, pues si bien no hay dinosaurios sí aparecen
especies que tuvieron una actitud muy particular frente a la evolución, lejos de
la superficie del planeta.


Arthur Conan Doyle situó la escena principal de su aventura en la cumbre del
Roraima (2.772 metros), un Tepui impresionante ubicado donde en tiempos mucho
menos prehistóricos confluyen tres entidades inventadas por los humanos,
llamadas Guyana, Brasil y Venezuela.

En medio de la presión comercial generada por ese producto mediocre y vacuo de
los 90 que fue la novela 'El Mundo Perdido' de Michael Crichton, transformado en
la increíble (por lo mala) 'Parque Jurásico II, El Mundo Perdido' por el midas
del cine Steven Spielberg, siempre pueden ocurrir algunas cosas mágicas: por
ejemplo descubrir un ejemplar de la novela de Arthur Conan Doyle tirada entre un
montón de libros usados, o conseguirla íntegra en algunos sitios de Internet
desde donde ya se puede bajar, leer, imprimir e intervenir su texto en inglés, o
enterarte por ahí del lanzamiento de nuevas aventuras fílmicas basadas en este
texto original.
Pero la travesía no termina allí... También se puede emprender la aventura de
rastrear las pistas que pueden haber conducido hacia la creación de una novela
primigenia, para descubrir cómo fue que un próspero habitante de Londres de
principios de siglo se asomó a la cima de un Tepui americano, donde descubrió un
mundo perdido dominado por los dinosaurios.

2. La novela
'En medio del silencio más absoluto se sintió un pisoteo profundo, regular. Eran
las pisadas de algún animal, el sonido de unas patas blandas pero pesadas que se
apoyaban con cautela sobre el suelo. Se movían con lentitud alrededor del
campamento, hasta que se detuvieron cerca de nuestra puerta. Se escuchó un jadeo
sibilante, que subía y bajaba, la respiración de la bestia. Sólo una débil
empalizada nos separaba de ese horror nocturno... tuve la visión momentánea de
una máscara horrenda, parecida a un sapo gigantesco, de piel arrugada y leprosa,
con una boca desencajada y baboseante de sangre fresca', cuenta el periodista
Edward Malone, de la Daily Gazette de Londres, el narrador de 'El Mundo Perdido'
de Arthur Conan Doyle.
Ese ser, que según el relato respiraba con la potencia de un motor, sugería 'un
organismo monstruoso'. El protagonista de la novela, el profesor Challenger,
advirtió a sus compañeros de aventura que 'esta noche estuvimos a punto de
entrar en contacto con un dinosaurio carnívoro'.
Hace más de 80 años estos densos encuentros con dinosaurios, las visiones de su
enorme tamaño, los alaridos de animales desconocidos que rompen la noche, eran
ingredientes para un nuevo escenario de acción y emoción. Y, seguramente,
también para el horror hacia lo desconocido.
La trama sigue el modelo clásico de una novela de aventuras de la época. Tiene
su punto de partida en la civilizada y prejuiciada Londres, donde Malone está
perdidamente enamorado de Gladys, quien le dice en forma terminante que sólo
entregara su corazón a un hombre famoso, valeroso, capaz de grandes hazañas. Se
trata de la Inglaterra Victoriana, imperialista por naturaleza, donde nadie
estaba pendiente de las pequeñeces.



El periodista, desconsolado por su vida rutinaria, conoce luego al Profesor
Challenger, un impulsivo científico que lo conduce a una de las agitadas
sesiones del Instituto de Zoología, donde hay un debate sobre nuevos
descubrimientos, una escena clásica de tantas obras literarias de aventuras...
Pero nadie le cree a Challenger la historia sobre una meseta habitada por seres
prehistóricos vivos, pese a que presenta como evidencias las anotaciones y los
objetos del explorador Maple White, un estadounidense que había visitado el
sitio antes de morir consumido por las fiebres en la selva.
En medio del tumulto, el Instituto decide enviar una expedición que queda
integrada por Challenger, acompañado el escéptico profesor Sumerlee, el audaz
explorador Lord Roxton y el narrador de la aventura, el periodista Malone, quien
como buen romántico de aquellos tiempos sólo piensa en conquistar a su amada a
través de una hazaña épica.
Tras una serie de divagaciones, la expedición surca el río Amazonas hasta pasar
Manaos, donde toman un tributario hacia el norte. Malone se reporta a los
lectores de la Daily Gazette, pero recuerda que los datos geográficos han sido
alterados para no revelar la verdadera posición del lugar desconocido hacia el
cual se dirigen.
Después de una serie de peripecias llegan hasta la pared vertical de la montaña,
que en realidad es un Tepui. La única forma de subir hasta el planalto es
utilizar un árbol como puente desde un promontorio cercano. Ya en la superficie
de la meseta se produce el descubrimiento de los seres prehistóricos, primero
una garrapata gigante, luego los iguanodontes pastando en una pradera, más allá
los nidos de pterodáctilos que hacen chasquear sus picos con furia.
'Nos han ocurrido las cosas más maravillosas, y continúan ocurriéndonos' ,
escribe Malone.
La interacción con el mundo prehistórico genera todo tipo de peripecias para el
grupo de aventureros quienes, en el clímax de su paso por el Tepui intervienen
con sus rifles en una contienda entre indígenas y una especie de hombres-mono,
quienes resultan brutalmente castigados tras su derrota por los blancos, en una
muestra de la moral propia de una Inglaterra racista que encabezaba la lista de
las potencias coloniales.
Las aventuras en la meseta llegan a su final, descubren una salida hacia la
'tierra firme' donde los espera (¡por supuesto!) un fiel criado negro. Luego
regresan a Londres, Malone para descubrir que Gladys se había casado con un
monótono escribiente de una procuraduría, y Challenger para enfrentar nuevamente
la incredulidad del Instituto de Zoología.
Sólo que en esta oportunidad tiene un as bajo la manga. Para aplacar las
críticas el profesor abre una jaula desde la cual emerge un pterodáctilo. Ante
los gritos de terror, el ser prehistórico alza el vuelo.
'Circulaba lentamente alrededor del recinto del Queen's Hall con el aleteo seco
y correoso de sus alas de 10 pies, mientras un olor pútrido invadía toda la
sala', según el recuento de la Daily Gazette sobre ese memorable acto. Al final,
los héroes de la aventura son aclamados como tales, sin que a nadie le quede
nada por dentro.



El ser alado, entretanto, se escapa a través de una ventana abierta y su sombra
revolotea, misteriosa, en las profundidades de la noche londinense.

3. De Sherlock a Challenger
Puede que sentado en un club inglés de El Cairo, a comienzos de siglo, te pongas
a pensar en los Tepuis de Venezuela... Son cosas que pasan.
Arthur Conan Doyle (1859-1930) tenía poco más de 50 años cuando publicó esta
novela de aventuras, y fue muy claro en sus propósitos al encabezarla con una
breve estrofa en la cual dice que se consideraba satisfecho si lograba dar una
hora de alegría al niño que ya es casi un adulto, o al adulto que sigue siendo
un poco niño. Era un experimento para él, que hasta entonces había vadeado con
éxito las narraciones policiales y algunas de corte histórico con argumentos de
capa y espada. Y el resultado le gustó mucho, según recuerdan sus biógrafos.
Comenzó a demostrar gran predilección por el personaje del Profesor Challenger,
peludo, desconsiderado, franco, irritable, y sobretodo muy diferente al gélido
Sherlock Holmes, que le había generado fama y dinero en grandes cantidades, pero
al mismo tiempo le ocasionaba grandes molestias. La principal era que no podía
deshacerse del detective, cuya lógica sorprendente lo perseguía donde fuera,
mientras seguía siendo el tema principal de las cartas de sus admiradores.
Cuando visitaba Estados Unidos pasaba algunos de sus peores momentos, pues los
diarios omitían su verdadero nombre y anunciaban en grandes titulares la llegada
de 'Sherlock'. Uno de sus biógrafos, Hesketh Pearson, dice en un libro publicado
en los años 40 que 'los lectores nunca se saciaban de Sherlock, siempre pedían
más, lo cual provocó que Doyle odiara a Holmes'.
El escritor estaría desolado al ver lo que ocurre en estos 90. Casi toda su obra
está en el olvido, salvo aquella relacionada con los casos de Sherlock Holmes:
basta realizar una búsqueda por 'Doyle' en Internet para encontrarse a cada paso
con el detective y su asombrado compañero, el doctor Watson. De 'El Mundo
Perdido' casi nada, uno suele terminar en lugares donde se habla mas bien de
quienes le usurparon el título a esa obra.
¿Quién era este escritor? Nacido en Escocia, de familia irlandesa, radicado en
Inglaterra, Conan Doyle -el apellido en realidad es Doyle a secas- estudió
medicina en la facultad de Edimburgo. De joven ejerció esta profesión, al
principio en un barco ballenero, más tarde en una nave de pasajeros llamada
"Mayumba" que hacía travesías africanas. Terminó atendiendo pequeñas clínicas,
hasta que en 1887 apareció 'A Study in Scarlet', el primer misterio que desafió
a Sherlock Holmes. Muy pronto llegó la fama.
Más allá de los relatos policiales Conan Doyle escribió numerosas obras, entre
novelas, cuentos, ensayos, textos políticos y relatos de viajes. Challenger, que
debutó en 'El Mundo Perdido', fue su último gran personaje y protagonizó una
serie de aventuras posteriores. 'Entre todos los personajes que he inventado,
este es el que más me entretiene', comentó el autor al referirse a su profesor
de zoología.
Cuando las aventuras en la selva sudamericana iban a estrenarse en la revista
'Strand', Conan Doyle estaba tan entusiasmado que incluso sugirió disfrazarse de
Challenger en una foto trucada, para generar más impacto, pero su editor lo
disuadió.
Después de la epopeya de los dinosaurios, Challenger y amigos reaparecen en 'The
Poison Belt', una curiosa novela de ciencia ficción en la cual hacen frente a la
muerte colectiva de los habitantes del planeta, que después resulta ser un
complejo estado catatónico, no muy bien explicado. Hubo relatos cortos y 'The
Land of Myst', quizás la obra más débil, en la cual el profesor Challenger es
convencido por un medium sobre la existencia del más allá.
Durante los últimos años de su vida Conan Doyle fue un ardoroso defensor del
espiritismo. Recopiló información, dictó conferencias y escribió cientos de
páginas sobre este tema, lo cual le valió unas cuantas polémicas.
Era el corolario para la vida de una persona que no se marginó de las polémicas.
Discutió cuando se produjo el hundimiento del Titanic, propuso construir un
túnel por debajo del Canal de La Mancha y comentó ácidamente la política
exterior británica. Este trayecto también lo condujo hasta el mundo perdido.
A mediados de la década de 1890 Conan Doyle y su esposa estaban alojados en el
Mena House Hotel de El Cairo, no muy lejos de las pirámides. Por las tardes el
autor visitaba el Turf Club, uno de esos lugares inventados por los ingleses
para reunir varones aristócratas. Y un asunto sobre el cual se debatía en ese
momento era la actitud calificada de "hostil" que habría asumido Estados Unidos
contra Inglaterra, en una disputa que involucraba los límites entre la Guyana
Británica y Venezuela. Justo en la zona donde está el Roraima.
Los británicos exploraron las guayanas y el río Orinoco en el siglo XVI, cuando
Sir Walter Raleigh se adentró en esa zona y al retornar a Europa escribió sobre
montañas llenas de diamantes y seres humanos que no tenían cabeza y llevaban el
rostro en el pecho. Luego los holandeses conquistaron territorios vecinos a los
de la actual Venezuela, que en esa época era colonia de España. Y finalmente los
ingleses regresaron, entusiasmados por la posibilidad de explotar oro en los
ríos de la zona, según algunos historiadores.
En medio de fuertes presiones territoriales de los británicos, los gobernantes
venezolanos hicieron una gestión diplomática ante Estados Unidos para plantear
que la controversia era contraria a la Doctrina Monroe (otra joyita
colonizadora) de ese país, que planteaba el cese del expansionismo europeo en
América. El presidente Grover Cleveland expresó su molestia a Londres y no
descartó la posibilidad de intervenir a favor de la nación sudamericana.
La disputa fue seguida de cerca por Conan Doyle, quien en sus cartas a la prensa
londinense criticaba la falta de habilidad de la política exterior inglesa.
Después los ánimos se apaciguaron, pero uno de sus biógrafos anota que en medio
del paisaje egipcio, en tardes dedicadas a la discusión del mundo en el Turf
Club, 'el asunto de Venezuela le preocupaba'.
¿Cómo era la zona en disputa? Algunos exploradores habían descrito una
naturaleza irreal.
4. El Roraima
La primera referencia europea a los Tepuis, y por lo tanto la primera registrada
por nuestra influenciada historia, corresponde al misionero capuchino Mariano de
Cervera, quien los divisó de lejos hacia 1780. 'Parecen artificiales' , reportó,
y sugirió que tenían la apariencia de 'torres y castillos'.
Durante el siglo XIX el geógrafo alemán Robert Hermann Shomburgk viajó por la
zona de las Guayanas y vio el Roraima. 'Me quedé atónito al mirar el gigantesco
paredón y, dominado por una sensación de opresión casi angustiosa mi corazón
comenzó a latir con violencia, como si fuera amenazado por algún peligro oculto
frente al cual mi fuerza diminuta era impotente... mirando esta vertiginosa
altura, la masa rocosa parecía salvaje y tremenda', dice en una de las
descripciones de su libro 'Reisen in British Guiana...'.
Shomburgk hizo varios viajes a la zona entre 1834 y 1844 por encargo de los
británicos para realizar un estudio sobre la demarcación fronteriza, con la
obvia misión de favorecer a la potencia europea. Atravesó por primera vez
junglas y ríos que sólo conocían los indígenas de la zona y en varias
oportunidades vio las paredes del Roraima, al cual no logró ascender pese a
haberlo intentado. Pero sugirió que su cima estaba llena de tesoros naturales, y
en sus escritos al retornar a Europa pronosticaba un 'El Dorado' para la
botánica.
Por cierto que el entusiasmo de explorador no le impidió realizar su misión
original en la justificación del expansionismo al cual se sentían con derecho
sus empleadores. No dudó en colocar postes demarcadores de la frontera en
lugares decididos por él mismo.
Era una época en la cual los descubrimientos americanos provocaban emociones muy
intensas en los centros de la civilización occidental. Los relatos que llegaban
hasta el viejo mundo provocaban sueños vaporosos y desataban grandes fantasías.
Las exploraciones eran aventuras de grueso calibre a través de paisajes
desconocidos donde se presumía que existían toda clase de peligros, y a menudo
estaban matizadas por hallazgos científicos o por narraciones extraordinarias
Un inglés llamado Charles Waterton, que recorrió Guayana el siglo XIX, regresó a
su país contando cómo había matado una desmesurada serpiente y también dijo que
había cabalgado, pero encima de un cocodrilo.
Un rastro muy especial, que quién sabe si podría conducir hacia la creación de
'El Mundo Perdido', apareció en una exposición realizada por el Museo de
Ciencias de Caracas a comienzos de los 90. Allí se mostraba un cuadro titulado
'View of the Curipung River' que mostraba la pared vertical del Roraima y, a su
lado, un promontorio similar al que habrían utilizado Challenger y sus amigos.
¿Es posible que Conan Doyle haya visto este cuadro? La ilustración fue realizada
por J.W.Boddam Whetham y la publicó en 1879 en su libro 'Roraima and British
Guiana'. La reproducción debe estar en algún lugar del museo...
Una de las exploraciones más difundidas de la segunda mitad del siglo XIX fue la
de Wallace y Bates al río Amazonas. En Manaos se separaron y Alfred Rusell
Wallace navegó hacia el norte por el río Negro, y si bien no llegó al Roraima si
cruzó el entretejido de ríos rumbo a Venezuela, en un viaje famoso porque le
permitió llegar a las mismas conclusiones de Charles Darwin sobre la evolución,
casi en forma paralela. El Profesor Challenger, por cierto, cita a la expedición
de Wallace y Bates como una inspiración para su aventura.
No es de extrañarse, pues Wallace había relatado sus viajes en libros donde
abundaba en detalles amazónicos como el agua negra y transparente de algunos
ríos o el uso de una mezcla del portugués con dialéctos indígenas llamada Lingoa
Geral, características que también destaca el periodista Malone en 'El Mundo
Perdido'.
Finalmente llegamos a un año clave, el de 1884. Fue entonces cuando el
explorador y naturalista Everhard Im Thurn, acompañado por Harry Perkins, logró
alcanzar la cima del Roraima. Los resultados de su expedición, incluyendo el
análisis de varias muestras, fueron publicados en Londres en 1885 y él mismo dio
numerosas charlas sobre las extrañas muestras de vida encontradas en el Tepui.
Los resultados de la expedición de Im Thurn están considerados como el detonante
de la novela de Conan Doyle, quien habría asistido a sus charlas.
Aunque es cierto que no hay referencias explícitas al Roraima, las descripciones
de Malone coinciden con las de algunos de los exploradores que ya habían hablado
de este Tepui en Londres. También podemos imaginar una ruta fluvial que saliera
de Manaos hacia el norte por el río Negro, luego por el Branco y después por
algún otro tributario que se acercara a la zona, quizás el Cotinga. No sabemos
si es navegable, pero tampoco lo sabía Conan Doyle.
Antes de partir en la expedición uno de los personajes que conoce bien la zona,
el aventurero profesional denominado como Lord Roxton y calificado como
'sudamericómano' , juguetea con teorías sobre su posible destino. 'Tal vez aquí,
donde estos tres países se tocan', dice. Otra vez, se apunta hacia el Roraima.
5. Saurios ingleses
Y los dinosaurios, ¿cómo aparecen en una historia de 1912? La idea de traer a
estas criaturas a la literatura se le ocurrió a Conan Doyle cuando su vista se
detuvo en uno de los adornos que tenía en su sala de billar, dice el biógrafo
John Dickson Carr. Se trataba de las huellas fosilizadas de un iguanodonte que
habían sido encontradas muy cerca del lugar donde tenía su estudio, en Sussex.
El tema no le era ajeno a una persona culta con inclinaciones científicas en la
Inglaterra de principios de siglo, pues desde hacía algunas décadas los
paleontólogos de ese país habían comenzado a desenterrar y clasificar huesos,
mientras ilustradores especializados trazaban dibujos con los cuales sugerían
cuál podía haber sido la forma de esos seres enormes, entre los más famosos
figuraban los de Charles Knight.
Gideon Mantell, quien vivía cerca de Londres, descubrió el primer iguanodonte en
1925, mientras que Mary Anning desenterró los huesos de otros dinosaurios
mencionados en la novela, como el ichthyosaurio, una especie de pez con
mandíbulas temibles.
Una de las personalidades que protagonizó varias contiendas entre los sabios de
la Inglaterra del siglo XIX fue el extravagante Richard Owen. Pero los
comentarios sobre su carácter quedaron relegados para siempre después que saltó
a la fama con la creación de la palabra dinosaurio. Saurio, por los lagartos,
mientras que dino lo tomo prestado del griego para sugerir algo terrible. Así
pues, eran los terribles lagartos. Y la dinosauria era una especialidad en auge.
Al iniciarse el siglo XX los hallazgos se multiplicaban, y se sumaban los de
Estados Unidos. Megalosaurio, iguanodonte, hylaeosaurio, paleosaurio,
mesasaurio, ichthyosaurio, brontosaurio, estegosaurio, eran nombres que
comenzaban a sonar por ese entonces.
'¿Acaso estos huesos secos pueden vivir? Sí, responderíamos nosotros, pueden
volver a la vida... la razón y la imaginación nos darán poder, si les dejamos
actuar, para restaurar estas creaciones perdidas', anotaba el reverendo H.N.
Hutchinson en un artículo sobre 'Monstruos Prehistóricos' publicado por la
Pearson's Magazine en 1900, con una descripción de varios tipos de dinosaurios,
un texto que se considera como una influencia importante.
Pero el acceso definitivo de Conan Doyle hacia el mundo de los dinosaurios se
produjo a través del libro ilustrado 'Extinct Animals', publicado por Edwin Ray
Lankester en 1905. Para que no queden dudas sobre su influencia, el propio
Profesor Challenger se refiere a Lankester al comienzo de 'El Mundo Perdido' y
lo califica como 'mi querido amigo'. Antes de partir de Londres, le muestra a
Malone uno de los dibujos de esta obra: 'posible apariencia de un dinosaurio del
Jurásico, el estegosaurio' .
Lankester, por su parte, estuvo encantado de aparecer en la novela y le escribió
una carta a Conan Doyle en la cual calificaba como 'espléndida' la aventura
descrita en la obra, y advertía sobre la existencia de detalles que le daban
consistencia y verosimilitud a la trama. 'Me siento orgulloso de haber tenido
algún grado de influencia', advertía el naturalista.
Claro que también aportaba ideas sobre nuevos seres, no tan verosímiles: una
bestia enorme similar a un conejo, un pterodáctilo vegetariano domesticable,
culebras de una longitud inconcebible. ..
No sólo Lankester había sido cautivado. La fantasía, por suerte, no tiene
fronteras y suele transpirar hacia la realidad así que poco después de la
publicación de la primera novela sobre dinosaurios de la historia, un diario
inglés informó que el yate 'Delaware' había partido de Filadelfia, Estados
Unidos, con rumbo hacia el río Amazonas.
Llevaba una tripulación compuesta por 'un osado grupo de exploradores' que
pretendían recorrer a fondo ese cauce y sus tributarios, pues 'en interés de la
ciencia y de la humanidad buscan el mundo perdido de Conan Doyle, o alguna
evidencia física sobre su existencia'.
La expedición fue patrocinada por la Universidad de Pennsylvania y estaba
encabezada por un capitán Rowan, mientras que la parte científica estaba a cargo
de un profesor Farrable.

'Déjalos que vayan, si no encuentran la meseta con seguridad van a encontrar
alguna otra cosa de interés', le comentó el escritor a su preocupada mujer,
según se narra en una de sus biografías.

6. Historia de película

La aventura traspasó fronteras y en la década del 20 recibió un respaldo
importante pues le llegó la hora del cine. En 1925 una productora
cinematográfica lanzó a las salas de todo el mundo la primera gran producción
con efectos especiales perfeccionados.
Al igual que ocurría con la recreación de dinosaurios y con la exploración de
los Tepuis, el cine era una actividad que estaba dando sus primeros pasos. El
escritor no era ajeno a esta nueva dimensión de la creación, pues Sherlock
Holmes ya había aparecido en la pantalla. En esta ocasión, sin embargo, se
trataba de una verdadera superproducció n de un millón de dólares que debía
enmudecer a los espectadores de las películas mudas de ese entonces.
También significó el inicio en la consagración de el primer mago de efectos
especiales de Hollywood. Se trataba de Willis O'Brien, quien revivió los
dinosaurios y usó modelos a escala para recrear las diversas situaciones
consideradas por el guión, incluyendo una estampida y peleas entre las
criaturas. O'Brien creó efectos que lo harían famoso unos pocos años después,
cuando se hizo cargo de un trabajo similar para la película King Kong.
'El Mundo Perdido' fue lanzada por la compañía First National, antecesora de la
Warner, con una gran campaña publicitaria. Así recorrió el mundo.
La película vuelve a proyectarse hacia la imaginación desde las apolilladas
páginas de una revista chilena, 'Cine Novela', que dedicó su número de junio de
1928 a comentar esta producción, que llegaba para ser exhibida en los cines de
este país sudamericano. La publicación era dirigida por Cándido Marimé y, tal
como se usaba en esos tiempos, daba rimbombantes recomendaciones mientras
explicaba la trama. En este caso se trataba de 'una creación del famoso actor
Wallace Beery, del simpático Lloyd Hughes, de la encantadora Bessie Love, y del
famoso Lewis Stone', y no duda en calificarla como 'un espectáculo maravilloso
por su fantasía y su técnica' y 'una audacia del cinematógrafo' .
Una de las sorpresas de la película fue la inclusión de una mujer entre los
expedicionarios. Se trataba de Paula White, la norteamericana hija del
explorador Maple White, descubridor del mundo prehistórico. La revista chilena
no ahorra comentarios ni epítetos para referirse a la intensidad y la pureza de
los sentimientos de Paula, de cómo el joven Malone termina enamorado de ella.
También se comentan la escenas más estremecedoras: por ejemplo la decisión de
Challenger de llevarse un inmenso brontosaurio, en vez del pterodáctilo del
libro, que luego acarrea en balsa por el río Amazonas... hasta llegar a Londres.
El inmenso animal escapa de sus captores en pleno centro de la ciudad y según la
revista se ven escenas en las cuales 'va corriendo por las calles, aplastando
con sus patas inmensas a hombres, mujeres y niños' mientras ceden edificios y
caen palacios. Acto seguido, el brontosaurio se precipita al río Támesis y se
aleja nadando con destino desconocido.
El delirio que produce esta historia lleva a 'Cine Novela' a intentar una
descripción de la meseta basada en las escenas en blanco y negro: 'era una
naturaleza nueva, algo que nunca vieron ojos humanos, flora desconocida,
apretada como los cabellos de una mujer, árboles gigantescos, enredaderas
interminables, selva verde como los ojos de las mujeres de Islandia, y un
perfume de flores que embriagaba'.
Por desgracia los compradores de los derechos de esta película en 1929 acordaron
detener su distribución y quemaron todas las copias disponibles en Estados
Unidos, salvo un negativo que luego desapareció. Ese mismo año se había hecho un
arreglo para generar una versión resumida a la mitad del tiempo original, en 16
milímetros, destinada a las escuelas. Hasta hace poco el único rastro que
quedaba, aunque fuera difícil encontrarlo, de la primera gran superproducció n de
cine con dinosaurios.
Pero el año pasado se inició una campaña internacional de fondos con la
finalidad de salvar una copia íntegra del film. ¿Cómo lo harán? Pues bien,
primero aparecieron algunos pedazos por allí, y luego se descubrió una copia
casi completa, a la que le faltan sólo un par de minutos, en un depósito de
películas en Praga.
Aunque aún no se terminó la restauración, a comienzos de agosto de 1997 se
realizó la primera exhibición del material disponible, y al iniciarse 1998 se
informó que ya habían sido recolectados los 80.000 dólares necesarios para
completar el rescate de 'El Mundo Perdido'.
En 1960 se hizo una nueva versión de la película, y en los años 90 unos
productores canadienses no sólo volvieron a filmar El Mundo Perdido de Conan
Doyle, sino que le agregaron una secuela. Por desgracia el presupuesto era bajo,
y quienes las han visto aseguran que el resultado fue lamentable.
Luego vino la superproducció n de Steven Spielberg 'Parque Jurásico II: El Mundo
Perdido' que uso el título de Doyle sin mencionar de donde se lo había copiado.
Pero la historia fílmica de la novela de 1912 no termina allí. En las salas de
conferencias de Hollywood se informó que en 1998 debe iniciarse la producción de
una serie para la televisión, de unas 22 horas, dirigida por el conocido John
Landis. Y existen rumores, e incluso afiches, que apuntan hacia otra producción
de cine independiente.
Pero además, no todo se termina en el cine. Existe un disco compacto, de música
que calificaría como New Age, grabado por Michael Stearns tras una visita a los
Tepuis inspirada por el libro de Conan Doyle. La canción principal es The Lost
World, el mundo perdido...
7. Mundo real
Una carretera angosta, que parece una serpiente de asfalto, atraviesa un paisaje
de gran intensidad. A medida que se avanza por La Gran Sabana el mundo cambia,
se torna verde y húmedo, recorrido por la brisa. De pronto, comienzan a verse a
lo lejos las primeras siluetas de los Tepuis, que parecen objetos de otro
planeta.
La carretera llega hasta Santa Elena de Uairén, la última población venezolana
antes de cruzar a Brasil, un lugar donde se produce una mezcla interesante de
agricultores, mineros, buscafortunas, turistas y funcionarios de la frontera.
Aunque muy pocos de ellos leyeron la novela de Conan Doyle, todos saben que son
habitantes de la región de El Mundo Perdido, pues así se promociona (hasta el
cansancio) esa zona para captar la atención de los visitantes quienes,
seguramente, tampoco saben demasiado sobre la novela original.
Desde allí es posible organizar un ascenso al Roraima o alguna otra formación
cercana. No es una cosa del otro mundo, algunos llegan arriba, duermen y bajan
al día siguiente. El sendero está bien trazado, y el principal problema son las
lluvias que acompañan en forma permanente a estas montañas donde nacen los
poderosos ríos de la zona. Otro inconveniente, que se reporta ante la
proliferación de excursionistas (en Internet llueven las ofertas para ir al Lost
World), es el aumento de basuras y el deterioro de algunos sectores de la
cumbre.
La superficie del Roraima es muy distinta a la que describe Conan Doyle.
Mientras la novela habla de selva, praderas y un pantano, en la realidad se
trata de un terreno rocoso, con formaciones inquietantes donde escasea el suelo
apto para las plantas. Los científicos llevan un siglo visitando
el lugar y han descubierto pocas especies, pero todas son consideradas muy
valiosas.
Una de las características que las investigaciones atribuyen a esas mesetas es
la de una evolución de la vida que ha seguido un camino diferente. Las paredes
verticales impusieron un aislamiento que convirtió a los Tepuis en laboratorios
donde se ven resultados sobre el desarrollo de las especies y la historia
geológica del planeta. Se afirma que son depositarios de una naturaleza que, en
gran parte, no existe en ningún otro lugar de la tierra.
Y algunas especies vivas sólo tienen equivalentes en lugares muy alejados. ¿O es
que alguna vez estuvieron unidos?
La clave para entender la fisonomía y la naturaleza de los Tepuis la han dado
los geólogos. Son los restos de una antiquísima y enorme meseta, una de las
formaciones más antiguas del mundo, que en algún momento comenzó a hundirse. Las
erosiones a su alrededor contribuyeron a aislar a los Tepuis, mientras no se
descarta que fuerzas tectónicas de gran poder hayan contribuido a garantizar su
altura actual.
En 1910 Alfred Weneger planteó la teoría de la deriva continental, según la cual
hace unos 135 millones de años comenzó a desmembrarse un continente único,
llamado Pangea, y luego ocurrió lo mismo con una de sus secciones, a la cual se
denomina Gondwana, que agrupaba a Sudamérica, Africa y Australia. Algunos
estudiosos de los Tepuis han sugerido que esos violentos movimientos
contribuyeron a la formación de los Tepuis.
Cuando se produjeron esos cambios, en todo caso, las formaciones que existen en
Venezuela ya eran antiguas. Estudios realizados en la roca sedimentada del
Roraima hablan de más de mil millones de años de historia.
Un territorio como ese está lleno de aventuras, leyendas, maravillas. En los
años 30 el piloto Jimmy Angel llegó con su avión, por un accidente, hasta la
pared enorme de un Tepui por donde cae la cascada más alta del mundo, el Salto
Angel. En 1989 un cronista de The National Geographic, Uwe George, relató que un
conocedor de esa montaña, llamada Auyán-Tepui, le contó que en los años 50 había
visto allí pequeños lagartos con forma de dinosaurios.
Los científicos han bajado de esas cumbres con millares de muestras y numerosos
descubrimientos. Entre ellos hay orquídeas únicas, plantas carnívoras, insectos
extravagantes, incluso animales de mayor tamaño. Las expediciones de
investigación a veces pasan meses recorriendo la parta alta de las mesetas en
busca de sus secretos. Y en otras oportunidades deben hacer esfuerzos aún más
grandes, como ocurre en las fosas conocidas como Sari-Sariñame, dos cuevas
verticales de un diámetro inmenso que se abren en la cumbre de un Tepui, donde
se albergan nuevos mundos perdidos.

Conan Doyle, vale la pena reiterarlo, intuía la existencia de secretos en esas
cumbres, en la parte alta de una meseta que él describe como "plutónica".
En la novela el Profesor Challenger le explica a Malone que "un área tan grande
como Sussex fue levantada en bloque junto con toda la vida que albergaba y quedó
aislada por precipicios verticales de una dureza tal que desafían la erosión del
resto del continente. ¿Y cuál es el resultado? Que las leyes ordinarias de la
naturaleza ya no tienen efecto... sobreviven seres que de otra forma hubieran
desaparecido. Notará usted que tanto el pterodáctilo como el estegosaurio son
del jurásico, por lo tanto pertenecen a una era muy antigua en el orden de la
vida".

Sudamérica, le dice el alucinado personaje de Lord Roxton a Malone, "es la porción más grande, rica y maravillosa de este planeta".

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

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En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.