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Friday, March 27, 2009

Jiuzhaigou: Aguas místicas


Foto de Michael Yamashita

Jiuzhaigou significa “valle de nueve aldeas”, ya que alguna vez lo fue. Sin embargo, hoy en día otras cifras son más significativas. Alrededor de 80 hoteles se encuentran limpiamente alineados en la boca de un valle de 30 kilómetros de largo con forma de “Y” en las montañas Min de China central, donde 280 autobuses esperan para transportar a los cerca de 18 000 visitantes de este día a través de la hermosísima ruta, que pasa por cadenas de flores multicolores, lagos entretejidos y cascadas que se escurren como dedos de agua por debajo de taludes tapizados de bosques de arces, abetos rojos o bambúes, los cuales se interrumpen de pronto por el rastro de piedras de un antiguo deslizamiento de terreno (si las nubes lo permiten, son sólo 40 minutos de vuelo desde Chengdu, en la provincia de Sichuan). Paseos construidos con tablas forman circuitos en torno a los pequeños lagos con arroyos sembrados de juncos, y los autobuses se detienen para que los grupos de viajeros se paseen a su propio ritmo. Más tarde se formarán en la fila para tomar otro autobús y continuar.

Los glaciares labraron los dos valles que unen al de Shuzheng –el Zechawa y el Rize, que ascienden alrededor de 3 000 metros, con paredes que desalientan a escaladores informales y que, sin embargo, no descollan tan severamente como para distraer de la extraordinaria belleza caliza de las modestas vías fluviales que corren más abajo. La geología en esta parte del Altiplano Tibetano es lecho marino, sus piedras son calizas, que al disolverse tiñen las aguas de esmeralda o de turquesa bajo una determinada luz, o realzan los reflejos de un cielo de azur. Cuando avalanchas bloquearon los arroyos, esculpieron los lagos; pero según las leyendas, diosas celestes dejaron caer sus cosméticos en varios de ellos, mientras que en otros nadaban sirenas. Los depósitos de carbonato de calcio en el fondo adoptaron a veces formas extravagantes: dragones dormidos y no sé cuántas cosas más.

El camino asciende desde aproximadamente 1 800 metros a la entrada del valle, se bifurca en Nuorilang, donde se han instalado un centro comercial para turistas y una cafetería, y termina, en el caso de la izquierda de la encrucijada, en un lago largo y ondulado en una zona virgen, y en el de la derecha en un “bosque primigenio” según el lenguaje de los folletos, lo que se traduce como arboledas que no fueron arrasadas por la tala antes de que se reconocieran las posibilidades turísticas de la zona. La Reserva Natural de Jiuzhaigou, el parque insignia de China en este rubro, fue designado Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1992 por la UNESCO, luego de que un frenesí de tala de árboles amenazara con degradarlo.

El complejo de lagos cromáticos de Jiuzhaigou es pequeño, pero adorable. Los valles en miniatura esculpidos por glaciares donde se localiza han sido privados ya casi por completo de los pandas que alguna vez prosperaron aquí, rechonchos y negriblancos; un animal aclamado hoy día por el gobierno como “nuestro tesoro nacional”, pero desplazado a gran escala por la tala inmoderada y la desaparición del bambú durante las últimas décadas del siglo pasado; más de un tibetano me describió la aniquilación.

La imagen del panda que mastica brotes de bambú en posición semirreclinada, similar a una nutria marina que masca moluscos tumbada de espaldas, se ha convertido en un atractivo emblema para los conservacionistas de todo el mundo, y en potente símbolo en esta economía sobrecargada de magnates ladrones. La conservación resultará un concepto novedoso para cualquiera que no esté familiarizado con lo que supuestamente debe preservarse, como son las áreas silvestres, la vida salvaje y la belleza natural. En el Zoológico de Pekín advertí que los visitantes parecían no tener ningún tipo de sentimientos, ni a favor ni en contra, hacia la evidente sed de los osos en su foso sin agua, o hacia los chacales y lobos desplazándose como metrónomos de un extremo al otro de sus jaulas, agobiados por el calor.

Sólo hasta fechas recientes la República Popular prohibió que se sirvieran manjares como patas de oso en banquetes oficiales del gobierno, más o menos al mismo tiempo que el Dalai Lama, en su exilio en la India, exhortaba a sus seguidores a dejar de vestirse con pieles de tigres o leopardos. Los decretos, sin embargo, no generan una ética de la conservación. El científico en jefe de Jiuzhaigou me dijo que ha encontrado todavía pieles de leopardo de las nieves exhibidas de manera abierta para su venta en Songpan, cerca de ahí, por el equivalente de 100 dólares estadounidenses, un mes de salario para un obrero. Y en el Valle Zaru de Jiuzhaigou –menos desarrollado que Shuzheng, donde dos o tres pandas son reliquias vivas que quizás aún deambulan por ahí, y un arroyo rebota pacíficamente al correr entre hermosas rocas– tres hombres llevaban a cuestas costales de plantas recolectadas ilegalmente de zonas protegidas corriente arriba, para venderlas a los turistas, de los cuales todos, menos 10 % en Jiuzhaigou, son chinos. Me pidieron que los llevara en mi coche.

Los ojos con antifaz negro de los pandas, expuestos de manera ubicua en letreros por toda la región, parecen estar salpicados de lágrimas en vez de mostrar una criatura mimosa como juguete de bebé. Un millón de ositos de juguete debe haberse manufacturado hasta el día de hoy por cada espécimen que queda en estado silvestre, en condiciones nada amables. Y, de algún modo, millones de personas tendrían que ser sacadas de los paisajes de montones de escoria y del aire que arde en los pulmones donde viven, y ser llevados ahí para ver aguas prístinas, brillantes, y aves con plumas de arcoíris volando como flechas en las suaves brisas de la montaña bajo los cielos cósmicos del Altiplano Tibetano, para que a nivel masivo se pudiera generar una política nacional para tratar de salvar algo de creación antes de que sea destruido. ¿Pero cómo se puede poner a millones en fila para que adquieran la experiencia de la naturaleza, sin destruirla?

Hubo un tiempo en que el territorio de los pandas se extendía claramente hasta Burma. Ahora, en los zoológicos un panda tiende a apoltronarse como un tapete sobrepuesto al paisaje artificial que le proporcionaron. No obstante, el corte de su boca es estoico, no parece un juguete, y su coloración de claroscuros expresa la ambigüedad de no ser ni negro ni blanco, sino ambos, como el brillo del sol al caer a través de un bosque, y por lo mismo un camuflaje que reverbera de dolor, ya que la mayoría de los bosques ha desaparecido.

Los sinuosos lagos y las cascadas de Jiuzhaigou pueden preservarse como símbolos imperiales de olvidadas dinastías en la Ciudad Prohibida de Pekín, que se explotan para el turismo en vez de ser exportados: una rodaja de hábitat para el mono chato dorado, el tejón cerdo, el venado acuático, el lince, la civeta, el panda rojo y el mono rhesus. No quiero sugerir aquí que la transición que sufrieron los indígenas de Norteamérica y sus tierras silvestres haya sido más amable, pero la industrialización de China se ha condensado de una manera fuera de lo común.

Con más de 2 000 reservas naturales nominales –cada una administrada provincialmente, ya que todavía no existe un servicio de parques nacionales–, el país está manteniendo sus escenarios más silvestres a la sombra, pero libres de estragos. No obstante, las vías pluviales de Jiuzhaigou están siendo reforzadas en los extremos donde hay diques, y se puede llegar fácilmente hasta ellas desde el estacionamiento Cielo Azul, cerca del Acantilado del Espejo.

Ahora que el entretenimiento electrónico puede acompañarnos a todas partes, la soledad es un placer casi extinto. Sin embargo, si no de Dios, ¿no estamos tomando en préstamo el planeta de nuestros hijos?, como dice el dicho, y de ser así, ¿no deberíamos entregárselos en condiciones habitables? Ni el marxismo ni el budismo entrarían en controversia en este sentido, excepto por el cambiante concepto de qué es lo que se entiende por habitable.

Si nosotros mismos nos consideramos no sólo superiores, sino dueños de cualquier otra forma de vida –si a la gente simplemente no le interesa, más allá de cálculos culinarios, cuántos peces silvestres quedan, cuántas cadenas de montañas sin caminos ni molinos de viento incrustados en ellas, ni cuándo dejarán de haber campos cubiertos de nieve o alondras en los prados–, entonces los pocos que sí tienen interés, para descansar del caos perpetuo tendrán que hacerse de un aparato de sonido envolvente y proyectar imágenes de páramos salvajes, tipo clips de cine del fotógrafo Ansel Adams, para las pantallas de sus computadoras que ocuparán la pared entera.

Las virtualizaciones en video, correspondientes al ruido blanco, pueden representar un mayor éxito de ventas que el contacto con la naturaleza, ya que, de hecho, muy pronto preferiremos las virtualizaciones. Pero hileras de ciudadanos seguirán siendo introducidos a lugares como Jiuzhaigou, para que deambulen pisando los senderos de tablas de madera y compren baratijas a los vendedores ambulantes disfrazados al final de la ruta de su autobús. El patrón negro y blanco de pandas para cunas y cuartos de juegos, al igual que el de camuflaje de tigre, llegó para quedarse. Con franjas para la jungla pero criados en cautiverio, los felinos siguen siendo de rigueur para cualquier zoológico; lo mismo ocurrirá con los pandas cuando los árboles se acaben, algo muy similar a las réplicas de monasterios tibetanos, con las fachadas adecuadas y los patrones de pintura reproducidos correctamente, pero sin monjes que los habiten.

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

Copyright

En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.