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Thursday, March 5, 2009

La caza del Grial nazi


Durante la II Guerra Mundial, tropas nazis 'peinaron' con meticulosidad zonas cercanas a la montaña de Montségur. Muchos creyeron que buscaban el Santo Grial, una reliquia que la tradición cátara local consideró suya durante siglos. El autor recuerda esta historia.


La imagen no se me quitaba de la cabeza. Volvía una y otra vez, nítida, como si la hubiera visto con mis propios ojos. Si dejaba volar mi imaginación, hasta podía escuchar el ruido de su hélice. Pero eso era imposible.

Las primeras luces de aquel día del pasado mes de marzo bañaban ya el impresionante perfil de los Pirineos franceses y yo, exhausto, tomaba aire en un recodo del camino. Debía alcanzar la cima de Montségur antes de que el calor apretara más y obtener las primeras tomas de la fortaleza cátara que domina ese pog de 1.200 metros de altura para un documental británico de Discovery Channel. Lisa Harney, una mujer menuda, nerviosa e inteligente, productora de aquel reportaje sobre las herejías que inspiraron novelas como El código Da Vinci o La cena secreta, se detuvo a mi lado.«¿En qué piensas, Javier?», preguntó. Dudé. «Me imagino lo que ocurrió en este lugar hace 62 años; un día de marzo como hoy».«¿62 años?», Lisa se encogió de hombros. «¿Pero lo de los cátaros no fue en el siglo XIII?».

Apoyados en la roca, le conté mi visión. Había leído tantas veces acerca de aquella historia, que podía recrearla casi como si hubiera estado allí. Ocurrió el 16 de marzo de 1944, justo cuando Francia estaba ocupada por los nazis y la temible división SS Das Reich reponía fuerzas en la vecina Toulouse tras su desgaste en el frente ruso. Aquella mañana, más o menos a la misma hora, un grupo de excursionistas ilegales se había adentrado montaña arriba para celebrar un sangriento aniversario histórico. Otro 16 de marzo, 700 años atrás, en 1244, los últimos herejes que habitaban aquella impresionante fortaleza decidieron inmolarse.Las tropas del Papa Inocencio IV llevaban nueve meses de asedio a Montségur, y los Bonhommes cátaros resistían gracias a la escarpada orografía del lugar. Los sitiadores querían hacerles abjurar de una fe que defendía el contacto directo con Dios, que no reconocía al Papa y que practicaba un ascetismo lleno de costumbres paganas.

Una conocida leyenda occitana asegura que, la noche anterior, cuatro de aquellos héroes se descolgaron en medio de las tinieblas por la pared más abrupta del pog. Llevaban consigo el tesoro que había mantenido viva la moral de la comunidad. Y una vez cruzadas las filas enemigas, habían encendido un fuego en una montaña cercana, indicando a los asediados que aquel objeto estaba ya a salvo. Al amanecer, los herejes, con el espíritu tranquilo, se arrojaron a una gran pira dejando su inexpugnable fortaleza desierta para siempre.

Lisa Harney me miró. Conocía bien aquella historia. Incluso había perseguido por su cuenta el paradero de aquel tesoro que ella creía era el Santo Grial. «¿Entonces qué pasó en 1944?», preguntó.

Los excursionistas, jóvenes occitanos interesados en recuperar la tradición cátara, habían pedido permiso a los nazis para pernoctar en Montségur y celebrar el aniversario de aquella tragedia, pero se lo negaron. Consideraron que la montaña era tierra alemana y que el III Reich tenía derechos históricos sobre ella. Así pues, jugándose la vida, los jóvenes ascendieron hasta las ruinas aprovechando los primeros destellos del alba. Lo que vieron al encumbrarlas los dejó sin habla: un avión de hélice Fieseler Storch Cigüeña, con matricula alemana, se acercó a la cumbre.Dio un par de pasadas cerca de sus cabezas y ascendió en vertical para iniciar una extraña exhibición aérea. Aquel aparato zigzagueó dejando en el aire el dibujo de una enorme cruz cátara antes de desaparecer hacia Toulouse.

¿Qué fue aquello? ¿Honraban también los nazis a los herejes mártires? ¿Y por qué?

EL CABALLERO NEGRO. El extraño vuelo del Fieseler Storch dio mucho que hablar. Se dijo que a bordo viajaba Alfred Rosenberg, ideólogo del partido nazi y experto en cuestiones esotéricas que años atrás había fundado cierta Sociedad de Buscadores del Grial. Por si fuera poco, sólo 24 horas antes, otro alto oficial alemán, Otto Skorzeny, estuvo en la zona buscando algo en sus alrededores. Es probable que nunca sepamos qué órdenes llevaba Skorzeny, el héroe del Führer que rescató a Mussolini un año antes en una misión que lo haría famoso, pero no pocos creyeron que anduvo tras el Grial.

Skorzeny, sin embargo, no fue el primer nazi en hacerlo. Le había precedido un joven con su mismo nombre de pila, conocido como Otto Rahn. Llegó a Montségur en el verano de 1931, pasó tres meses explorando toda el área circundante, incluyendo su intrincado dédalo de cuevas cársticas, y regresó a Alemania para redactar un libro que encontraría el afecto de los pensadores nazis del momento: La cruzada contra el Grial (1933). En ella concluyó que Montségur era el Montsalvat que el escritor Wolfram von Eschembach marcó como el refugio del Grial en el siglo XIII. Además, aseguró que esa reliquia era más un gradal (o libro, en lengua occitana) que un grasale (vaso). Según él, los cátaros lo custodiaron hasta la caída de Montségur y dijo que estaba formado por tablillas de piedra o de madera inscritas con antiguas letras rúnicas, importadas por los visigodos a la zona tras el saqueo de Roma, a donde el gradal había llegado tras el expolio que el general Tito hizo del Templo de Salomón en el año 70 de nuestra era.

«¿Y por qué se interesaron los nazis por un tesoro de origen judío?», preguntó Lisa. Su cuestión sigue sin tener una respuesta sencilla. Algunos expertos creen que Hitler envidiaba la solidez de una religión que había conservado sus tradiciones intactas durante más de 3.000 años. Para los historiadores Michel Bertrand y Jean Angelini, que en 1971 publicaron bajo el seudónimo de Jean-Michel Angebert el libro Hitler y la tradición cátara, Hitler preparaba «una nueva religión nazi» y necesitaba objetos de poder sobre los que levantarla. Por eso contrató los servicios de Otto Rahn: para que buscara el Grial por toda la occitania.

En 1937, siete años antes del misterioso vuelo del Cigüeña, Rahn regresó a la zona para proseguir sus investigaciones. Su libro sobre el Grial y un segundo ensayo titulado La corte de Lucifer en Europa (1936) fueron obras que pasarían de mano en mano en los círculos cercanos al Führer. En ellos se plantó la semilla de un viejo anhelo profético. De algún modo, la Sociedad de Buscadores del Graal de Rosenberg creyó que ellos serían los llamados a hacer cumplir un viejo vaticinio occitano formulado tras la caída de Montségur: «Al cap de set cents anys verdegea el laurel» («Al cabo de 700 años, reverdecerá el laurel»). Una alusión simbólica al retorno de los Bonhommes a la región y a la recuperación del Grial escondido.


Rhan en España luciendo un jersey con el simbolo de las SS

¿Fue por eso que un avión nazi dibujó una cruz sobre Montségur el día del 700º aniversario de la masacre?.

EXTRAÑOS FINALES. En 1937, Otto Rahn permaneció en la zona varios meses más sin obtener resultados apreciables de su búsqueda.A Lisa Harney la acompañé hasta el santuario cátaro de Bethelem, escondido en unas peñas cercanas al pueblecito de Ornolac, y le mostré la hornacina excavada en la roca en la que Rahn creyó que se veneró el gradal. «¿Y qué pasó cuando Rahn tuvo que admitir su fracaso ante el Führer?», me pregunta frente al hueco en la piedra. «En realidad, nadie lo sabe», le explico. Una esquela publicada en el diario del partido nazi en mayo de 1939 informó que Rahn murió en una tempestad de nieve en los Alpes suizos.Pero su muerte, fechada otro 16 de marzo, y el hecho de que no se recuperara su cadáver abrió toda suerte de especulaciones.Incluso la de que cambió su nombre de pila por el de Rudolf y terminó como embajador alemán en Roma al final de la guerra, protegido por su amigo el general Karl Wolf. Un hombre, por cierto, que fue visto en el santuario de Montserrat, en Barcelona, en compañía de Heinrich Himmler, preguntando por el Grial. Ocurrió el 23 de octubre de 1940. Los nazis quisieron saber si esa montaña era -como creyeron de Montségur- el Montsalvat de los cuentos griálicos, pero los monjes montserratinos no supieron qué responder.

Rahn desapareció del mapa. Skorzeny falleció en Madrid en 1975 sin revelar qué buscó en los Pirineos franceses en 1944. Y Rosenberg, el mayor expoliador de obras de arte durante el III Reich, fue juzgado y fusilado en Nüremberg al final de la guerra. Ninguno de ellos habló más del Grial. «Seguramente, jamás se hicieron con él», añadió Lisa con gesto de alivio. «Por suerte».

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Pensamiento de hoy

febrero, 2008
Aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso.
Confucio, filósofo chino.


"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va" (Séneca)

Camuflaje OVNI

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En nuestro mundo, una de las facultades que más nos asombra del mundo animal es la llamada mimetismo. Esta es la capacidad de los organismos vivos para pasar inadvertidos para los depredadores. Las variantes son múltiples, desde cambiar el color del pelaje, confundiéndose con su medio, hasta el de adquirir las formas de su entorno, incluso cuando nosotros mismos observamos el comportamiento de animales de nuestro interés, utilizamos el recurso del camuflaje. En la guerra la invisibilidad es una premisa, es por eso que la nación que logre duplicar el camuflaje OVNI obtendrá todas las ventajas sobre su enemigo. Actualmente existen naves invisibles, por lo menos para el radar, como el llamado Stealth Fighter, que por su diseño y pintura especial pasa inadvertido para los radares.

Einstein, en una de sus teorías afirmaba que mediante procesos magnéticos haciendo vibrar un objeto, esté podría desplazar el espectro electromagnético visible que despiden los objetos haciéndolos completamente indistinguibles para el ojo humano. Teoría que se probaría en el tristemente célebre experimento Filadelfia en 1947, con repercusiones bastante lamentables.

Los rayos infrarrojos y ultravioleta están por encima y por debajo, respectivamente, del espectro visible para el ojo humano. Para que una frecuencia infrarroja pueda ser perceptible son necesarios elementos ópticos y tecnológicos de los que carece el ojo humano, sin embargo, un ejemplo claro para poder realizarlo en nuestro hogar, basta colocar un telemando frente a una cámara de video y observarlo en el monitor de televisión.

Esto explicaría cómo aparece y cómo queda registrado en un video un OVNI, cuando al realizar la grabación éste no se observa y ni siquiera es el centro de atención. No obstante, este fenómeno también se produce en negativos fotográficos aun cuando este proceso (óptico químico) es diferente al video. Dando una idea de que si nuestras percepciones físicas no pueden detectar estos avistamientos, sí se cuenta con elementos para poder observarlos.

Otro tipo de camuflaje OVNI (al menos físico y visible), sería el de adoptar las formas del entorno atmosférico, en este caso nubes. Se han registrado avistamientos donde los observadores de estos fenómenos, ven claramente cómo las nubes tienen movimientos caprichosos en el cielo. Estos movimientos por cierto muy semejantes a los observados a través de la historia, donde incluso algunos casos se observan bajar entidades de las mismas.

Por otra parte, la misma maniobrabilidad de algunos OVNI´s hacen que pasen desapercibidos para algunos instrumentos de detección, esto como es de suponerse, sólo es necesario hallarse fuera del campo que cubre un radar, colocándose por encima o por debajo para pasar inadvertido. En medio de estos parámetros explicativos queda otra interrogativa, ¿se pueden ver o fotografiar entidades que se desarrollan en un plano de tres dimensiones? No, no se puede, ya que no obedecen las leyes físicas y ópticas del mismo comportamiento que conocemos, haciendo imposible dejar constancia en una placa o en un video, al menos con la óptica terrestre tal y como la conocemos.

Como se podrá deducir entonces, el hecho de que observemos OVNI´s en el cielo, sólo puede tratarse de un acto consciente de ser observados y enterarnos que allá arriba está sucediendo algo.